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ANOTATE CON LOS ASES

Un Tiburón Llamado Phelps

El famoso nadador asoma como la gran figura de los Juegos Olímpicos de Pekín

*Phelps, quien trata de superar la marca de siete medallas de oro ganadas por el legendario nadador Mark Spitz en Munich 1972, se vislumbra como la máxima figura individual de los Juegos Olímpicos de Pekín, a celebrarse del 8 al 24 de agosto con la participación de alrededor de 10,500 atletas en 28 disciplinas deportivas.

 
Manolo Hernández Douen

Cuando Michael Phelps debutó en los Juegos Olímpicos del 2000 en Sydney,  convirtiéndose en el nadador más joven de los Estados Unidos en una magna cita deportiva en casi tres cuartos de siglo, nadie se imaginaba que ocho años más tarde estaría a un paso de escribir la página más gloriosa en los anales de la natación mundial.

Aquel  nadador de apenas 15 años de edad obtuvo el quinto puesto en los 200 metros estilo mariposa de la justa celebrada en Australia y ahora pudiera convertirse en el máximo ganador de medallas de atleta alguno en una sola edición olímpica.

Phelps, quien trata de superar la marca de siete medallas de oro ganadas por el legendario nadador Mark Spitz en Munich 1972, se vislumbra como la máxima figura individual de los Juegos Olímpicos de Pekín, a celebrarse del 8 al 24 de agosto con la participación de alrededor de 10,500 atletas en 28 disciplinas deportivas.

El enorme reto chino

Prácticamente desde el día en el que a Pekín –o Beijing, como también se le conoce a esa metrópoli asiática de unos 17.5 millones de habitantes-, le fue otorgada en el 2001 la sede olímpica del 2008, muchos organismos internacionales han levantado su voz de protesta por el hecho de que la magna cita deportiva se celebre en un país denunciado por sus atropellos a instituciones como los derechos civiles y la libertad de prensa.

No faltó quien sugiriera que debería producirse un boicot a la inauguración de los Juegos de Pekín como una enérgica medida de protesta. De hecho, el paso de la Antorcha Olímpica por varias naciones europeas generó manifestaciones colectivas de repudio y fue necesario tomar medidas extremas de precaución para evitar desórdenes al ser transportado ese gran emblema deportivo a nuestro continente.

En San Francisco, cambiaron a último minuto el recorrido de su tradicional exhibición móvil por temor a protestas, pero a la postre, predominaron los aplausos sobre las críticas a hora del paseo de la Antorcha por la improvisada ruta en esa ciudad californiana y eso es precisamente lo que aspira el Comité Olímpico Internacional que ocurra en Pekín: que impere el deporte sobre todas las cosas.

Phelps, el básquetbol y los 100 metros planos

Bien impresionante fue la actuación de Phelps en los Juegos de Atenas 2004 por cuanto dejó estupefacto al planeta por sus seis medallas de oro y ocho en total para igualar la marca implantada por el gimnasta soviético Alexsander Dityatin de un deportista en una sola Olimpíada: ocho galardones en la contienda celebrada en Moscú en 1980.

No conforme con esa hazaña, Phelps, quien prácticamente lleva más de 12 años preparándose para Pekín, buscará ocho medallas, pero esta vez exclusivamente de oro puro en las piscinas chinas.

“He entrenado como nunca antes”, comentó en Singapur el joven de 23 años de edad, antes de viajar a Pekín. “Voy a dar el máximo de mi esfuerzo por lograr este objetivo [las ocho medallas de oro]. Lo demás dependerá de lo que ocurra en la competencia”.

A Phelps le tocará competir en cinco pruebas individuales -100 y 200 metros mariposa, 200 y 400 metros combinado individual y 200 metros libre- y tiene el récord mundial en todas esas disciplinas, con excepción de la de los 100 estilo mariposa, especialidad en la que reina su paisano Ian Crocker con el mejor registro global.  También intervendrá en tres relevos para completar sus ocho citas acuáticas.

Y lejos de ser mezquino, Spitz espera que Phelps supere su marca de siete medallas áureas ganadas en una sola edición olímpica, aunque advirtió que la presión será su principal adversario cada vez que se prepare para lanzarse a la piscina, así como lo fuera para él en 1972.

“Ojalá lo pueda lograr”, ha comentado una y otra vez Spitz, sin duda uno de los grandes entre los grandes de la historia olímpica. “Si lo hace, será un fabuloso día para el deporte”.

El coqueteo de Phelps con la inmortalidad será la principal atracción de Pekín, pero no necesariamente la única. Los Juegos Olímpicos siempre vienen revestidos de muchas historias hermosas y la justa china no va a ser la excepción de esa regla no escrita del deporte.

El intento de los Estados Unidos por recuperar su hegemonía en el básquetbol masculino y una final de los 100 metros planos que promete ser legendaria serán dos platillos exquisitos en estos Juegos.

Desde el primer pitazo en canchas chinas, los ojos del mundo estarán en el básquetbol,  porque desde hace mucho esa especialidad dejó de ser de dominio absoluto de los poderosos seleccionados de la tierra del Tío Sam. De hecho, Estados Unidos ha venido dando tumbos al caer estrepitosamente en competencias olímpicas y mundiales, y Pekín será su oportunidad dorada de reivindicarse.

Un equipo súper millonario encabezado por estrellas de la Asociación Nacional de Básquetbol (NBA, por sus siglas en inglés) del calibre de LeBron James, Kobe Bryant y Dwyane Wade, tratará de recuperar para EEUU el prestigio de ocupar el lugar más alto del podium en el  “deporte de los gigantes”.

No obstante, el avance del baloncesto a nivel mundial,  puesto de manifiesto por la consolidación de muchas estrellas europeas y latinoamericanas en la liga profesional más poderosa del orbe –la NBA-, y por la conquista del oro olímpico del 2004 por parte de Argentina,  preparan el tapete para lo que puede ser una batalla sin cuartel prácticamente desde que arranque la competencia.

Y si de arrancadas se trata, nadie puede darse el lujo de parpadear siquiera a la hora de disputarse la final de los 100 metros planos, que pudiera ser una de las más electrizantes de la historia.

Tan impresionantes son las credenciales de los principales aspirantes a la medalla de oro en la prueba reina del atletismo que ni el jamaiquino Asafa Powell ni el estadounidense Tyson Gay, los dos velocistas que mejor se han proyectado en la centena plana en los últimos cuatro años, son favoritos contundentes para ganar. Ese honor pudiera corresponderle a Usain Bolt, un jamaiquino que dejó atónito al orbe al establecer la marca mundial de 9.72 hace menos de tres meses.

A sacar la cara por Latinoamérica

Brasil tuvo la mejor actuación de su historia al ganar cinco medallas de oro y 10 en total en los Juegos de Atenas 2004, y Cuba suele ser el máximo exponente latinoamericano en justas olímpicas. Ciertamente esos dos países tienen varias cartas que pueden darle muchas satisfacciones en China.

La Perla de las Antillas llevará sólidos aspirantes al oro como la plusmarquista global del lanzamiento de la jabalina, Osleidys Meléndez, y la bicampeona mundial del martillo, Yipsi Moreno –ambas campeonas olímpicas reinantes-;  el nuevo recordista universal de los 110 metros con vallas, Dayron Robles;  un poderoso elenco en disciplinas como las pesas y el boxeo; y el equipo de béisbol que aspira a ganar el galardón dorado en una especialidad que se despide como especialidad olímpica.

Curiosamente, Robles pudiera ser héroe y villano a la misma vez ante los ojos de los aficionados chinos. Campeón merecido, si se apunta el oro, y al mismo tiempo rival abucheado, porque se medirá por el máximo galardón a Liu Xiang, una de las grandes esperanzas de los anfitriones.

Brasil se apoya en su seleccionado masculino de voleibol, que se ha paseado con orgullo por todas las principales competencias del orbe desde Atenas 2004, así como en su combinado femenino de la net alta y sus conjuntos de la modalidad de playa; en el nadador Thiago Pereira, ganador de ocho medallas de oro en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, en el gimnasta Diego Hypolito y en sus mundialmente famosos veleristas, entre otras grandes esperanzas.

Por supuesto, a los brasileños les encantaría ganar el oro en su deporte favorito, el fútbol, en el que competirá con un plantel fortalecido por la presencia del genial Ronaldinho.

Dos atletas de países que no son asiduos visitantes al podio, empero, pudieran marcar páginas históricas. Son ellos el panameño Irving Saladino y el ecuatoriano Jefferson Pérez.

Saladino, rey del salto largo a nivel mundial en el ciclo olímpico comprendido de Atenas a Pekín, tratará de darle a su patria su primer galardón de oro, así como lo hiciera Félix Sánchez para la República Dominicana al ganar los 400 metros con vallas hace cuatro años y poner a bailar merengue a todos los rincones de Quisqueya la Bella.

Las únicas medallas ganadas por Panamá en los Juegos Olímpicos datan de 1948, cuando el rapidísimo atleta de ascendencia jamaiquina Lloyd LaBeach conquistó preseas de bronce tanto en los 100 como en los 200 metros planos. Por sus marcas previas, como un impresionante registro de 8.73 metros –uno de los 10 grandes de la historia del salto largo- logrado este mismo año, es evidente que Saladino llevará en cada uno de sus intentos las esperanzas de toda una nación para beber del divino elíxir del triunfo.

Pérez ya sabe lo que significa darle la medalla de oro a Ecuador, por cuanto lo hizo hace ocho años en los Juegos Olímpicos celebrados en Atlanta en 1996. En esta ocasión, empero, el triple campeón mundial de los andarines tratará de repetir su difícil hazaña en la marcha de los 20 kilómetros, cientos de miles de kilómetros de preparación más tarde tras su proeza en la contienda de Georgia, para cerrar con broche de oro una hermosa carrera de dos décadas patrullando los senderos del  globo.

Lo hermoso de los Juegos Olímpicos es que de cualquier parte puede salir un héroe o una heroína del calibre de Nadia Comaneci, que deleitó al orbe con sus siete 10 perfectos de puntuación en Montreal 1976, el mismo año en el que el cubano Alberto Juantorena logró su doblete dorado sin precedentes en el atletismo al ganar tanto los 400 como los 800 metros planos en una misma magna cita.

A lo mejor le toca producir a China esa superatleta que cautive al mundo. Después de todo, esa nación se ha preparado como nunca antes para proyectar campeones a granel.

Lo más significativo y ojalá primordial es que a lo largo de 15 días de pasión y gloria por pistas, canchas, piscinas y estadios, 10,500 atletas, algunos famosos, otros debutantes, buscarán sitiales soñados que los enclaven para siempre en la inmortalidad del deporte.

 

 

 

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