Costa Rica: Cinco buenas razones para conocerla

Costa Rica: Cinco buenas razones para conocerla

Costa RicaEn 1502 Cristóbal Colón desembarcó en Isla Uvita, a solo tres kilómetros de Puerto Limón, la mayor ciudad en el Caribe costarricense actual con casi 30.000 habitantes, y quedó prendado por los colgantes de oro y otros tesoros que lucían los indígenas. Dicen que esa impresión le llevó al famoso navegante y a otros conquistadores españoles posteriores a dar el nombre de Costa Rica a este país que, sin embargo, no disponía de las riquezas de otros como México o Colombia.  Vamos a conocer las cinco razones que hacen a este país diferente.

1- El salvaje Caribe costarricens

En Costa Rica se encuentran los arenales más espectaculares del país. En su parte más meridional, Gandoca-Manzanillo, para muchos la mejor playa de Costa Rica; más al norte, Punta Uva Sur, Playa Chiquita, o Cocles maravillan al más exigente de los turistas playeros, y además en esta zona se pueden encontrar arrecifes coralinos, manglares, promontorios rocosos o playas de arena negra volcánica. Incluso se puede optar por otras aventuras originales, como la de participar en una excursión a la Cordillera de Talamanca, donde algunas tribus indígenas continúan viviendo igual que hace 500 años.

iguana Costa RicaLas ciudades más importantes de esta franja costera son Puerto Limón, donde merece la pena visitar el Black Star Line (1922), un viejo club social con funciones de hotel, restaurante y lugar de reunión y fiestas, punto de encuentro de los hombres a la hora de jugar una partida de dominó, y Puerto Viejo, plagado de restaurantes familiares, llamados aquí sodas, que permiten descubrir el sabor picante de un guiso caribeño en un ambiente de fusión con música de baile y reguetón. Llama la atención la ausencia de grandes resorts en esta zona del país, donde la jungla y el mar se dan la mano, aunque sí proliferan los hoteles «boutique», llenos de encanto y de animales que se mueven libremente.

2- Las playas de Manuel Antonio

Costa RicaEn catamarán o a pie es recomendable descubrir el Parque Nacional Manuel Antonio, en aguas del Pacífico Central, para admirar sus playas y la fauna que se acerca a pocos metros de los visitantes. El basilisco, un lagarto que desconcierta a sus depredadores corriendo sobre el agua; los monos capuchinos, llamados popularmente «de cara blanca» que corretean por los árboles buscando al turista despistado para robarle algo de comida; el mapache o las tranquilas iguanas están presentes en el parque nacional más pequeño del país. Por el mar, las excursiones en barco se centran en el avistamiento de animales, como el delfín, la tortuga marina o la ballena, según la temporada, y en el esnórquel con cientos de peces tropicales de colores en sus aguas.

3- Un pulmón llamado Parque Nacional de Braulio Carrillo

Costa RicaViajando hacia el este del país, en dirección al Caribe, hay que atravesar el Parque Nacional Braulio Carrillo. Hoy se utiliza una carretera bien señalizada, que brinda el primer contacto con esa naturaleza primitiva que representan los bosques lluviosos impregnados de una niebla misteriosa y a veces sobrecogedora para el visitante, con numerosos ríos que descienden con fuerza de los volcanes como el Irazú, el más activo del país con sus 3.432 metros, el Herediano, el Toro Río Amarillo o el Pacuare, ideal para los aficionados al rafting. Estas aguas riegan las plantaciones de frutas explotadas por las antiguas compañías norteamericanas, decisivas en la implantación del ferrocarril, hoy ya desaparecido, que transportaba piñas y plátanos desde finales del siglo XIX. En la construcción de esa vía férrea colaboraron de manera decisiva once mil jamaicanos de habla inglesa.

4- El Museo de Oro y las calles josefinas

Catedral Costa RicaSan José, la capital, es la puerta de entrada a Costa Rica. Levantada en el Valle Central, el más poblado de todo el país, sorprende por el dinamismo de sus calles, edificios y restos coloniales a muy poca altura debido la actividad sísmica del país. El corazón del casco viejo se sitúa en la plaza de la Cultura, el lugar de encuentro de los josefinos, sobre todo de parejas de enamorados, músicos o aspirantes a artistas que deambulan en este corazón palpitante que preside el Teatro Nacional. Este histórico edificio fue construido en 1898 por la burguesía de la ciudad junto al primer establecimiento hotelero de San José, el Gran Hotel Costa Rica, erigido en 1930. No hay que perderse los bajos de la plaza el Museo de Oro, que exhibe una de las colecciones precolombinas más importantes del continente con 1.600 piezas de oro moldeadas por las tribus indígenas que habitaron estas tierras a partir del año 300 d.C.

5- La apuesta termal de La Fortuna

Costa RicaEl Arenal fue otro volcán durmiente desde 1500 a 1968, año en el que despertó con unas impresionantes explosiones que provocaron corrientes de la lava y la desaparición de tres pueblos. Hoy se mantiene en una actividad controlada y sus aguas termales que nacen a cuarenta grados en la falda del volcán descienden por los ríos terrestres y subterráneos creando un auténtico vergel que ofrece además beneficios para la salud. Hay muchos hoteles con una importante oferta termal, pero el balneario de Tabacón es el máximo exponente en la región de La Fortuna. De día y de noche, siempre con la silueta presente del volcán y en armonía con una vegetación impregnada de orquídeas y flores tropicales, la inmersión en las aguas calientes se convierte en una experiencia mágica para el visitante. También en La Fortuna es muy popular su catarata, a la que se accede descendiendo por 480 escalones de diferentes tamaños. Al llegar a la base de este cañón de piedra volcánica maravilla un gran chorro de agua de 70 metros de altura. El refrescante baño resulta una delicia, pero se recomienda no nadar en la zona donde cae bruscamente el agua.

Fuente: abc.es

 

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Redacción La Nota Latina

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