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Desconfianza, temor y turbulencia

¿Cómo evitar la espiral de desconfianza, temor y turbulencia?

 

stocksEco-Notas - Los mercados financieros del mundo están temerosos y ello se traduce en fuertes sacudidas. La posibilidad de un descalabro similar al de 2008 se encuentra así sobre el tapete. Si bien el componente económico de ese temor es importante, el mismo se alimenta en lo esencial de incertidumbre política. Se confronta una crisis de confianza producto de un triple déficit: de políticas disponibles, de liderazgo y de instituciones.

 

 

Lo primero responde a la constatación de que las políticas que harían falta para sacar a las economías del mundo desarrollado de una nueva recesión ya fueron agotadas. En la medida en que la opción de la austeridad prevaleció sobre la del estímulo económico, los gobiernos de Europa y Estados Unidos bloquearon la posibilidad de aplicar nuevas políticas keynesianas. A la vez, las políticas monetarias tocaron piso en términos de baja de intereses: no hay ya espacio para nuevas rebajas que propicien el consumo y la inversión.

 

Lo segundo se refiere a la falta de líderes cuando más se los necesita. Los dos países clave a estos efectos son Estados Unidos, hasta hace poco tiempo la única locomotora económica de rango global, y Alemania, la locomotora europea. A la cabeza de ambos encontramos a figuras timoratas. Obama resulta más profesor que líder, más conciliador que luchador. Siempre a la búsqueda de un compromiso que le permita desenrollar el nudo gordiano, carece de la fuerza de carácter necesaria para cortarlo con la espada como lo hizo Franklin Roosevelt. Merkel, de su lado, es la antítesis de Helmut Kohl. Mientras el último tuvo el temperamento y la energía requeridos para moldear la historia, reunificando a Alemania, Merkel se caracteriza por sus aproximaciones tímidas, tardías y escalonadas a los problemas. Al escabullirse ahora de la opción del eurobono queda retratada a cuerpo completo: pensando siempre en pequeño.

 

El déficit de instituciones es aún más complejo. El sistema político norteamericano funciona sobre la base de poderes contrapuestos pero compartidos. Nadie puede controlarlo en la medida en que los contrabalances generan un equilibrio negativo de fuerzas. Sin embargo, en tanto sus distintos componentes se muestren dispuestos a la cooperación es posible generar un condominio sobre sus acciones. Ocurre, no obstante, que en casos de polarización política extrema como la actual, el sistema se bloquea ante la imposibilidad de fraguar compromisos. Sólo un Presidente capaz de movilizar a la opinión pública y que no tema al forcejeo institucional, podría desentrabar el juego. Pero es precisamente esa la llave maestra que falta. En la Unión Europea, de su lado, se creó un sistema de moneda única antes de haber estructurado una unión política y fiscal susceptible de darle sustento real a la misma. Esa disparidad institucional resultó sostenible en ausencia de problemas serios, pero confrontados a éstos sólo cabe marchar hacia adelante o hacia atrás: desmontar la moneda única o estructurar mecanismos de unión política y fiscal efectivos. Pero Alemania, la llave maestra en este caso, no se atreve a moverse en una u otra dirección.

 

¿Cómo evitar entonces la espiral de desconfianza, temor y turbulencia?

 

Alfredo Toro Hardy

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