Japón: atrapado entre las dos "d"
Una economía cada vez menor, una deuda cada vez mayor y una población cada vez más vieja
Eco-Notas - Tanto Estados Unidos como Europa se encuentran agobiados por la fuerte crisis estructural de sus economías. No obstante Japón, acorralado bajo el rigor de las dos "d", deflación y deuda, confronta una crisis estructural aún mayor.
De acuerdo a Gordon Brown: "Con su invención del término deflación Richard Koo de Nomura Research describió la trampa económica en la cual el crédito deja de crecer no porque los bancos no quieran prestar sino porque las compañías y los hogares no quieren pedir prestado. La conclusión es que cuando el sector privado dispone de un excedente que no se invierte, el gobierno tiene que convertirse en el prestatario de último recurso. Con tal combinación de excedente económico en manos privadas y baja demanda, la única manera en que se puede evitar que una recesión se transforme en depresión es que el Estado asuma un fuerte déficit público" (Beyond the Crash, London, 2010).
Bajo esta curiosa situación el Estado tiene que endeudarse para mantener la economía moviéndose, ya que ni las compañías ni los hogares quieren contraer deuda. Más curioso aún, sin embargo, es que la deuda pública japonesa haya llegado a convertirse en un problema tan o más serio que la propia deflación. Es decir, el agua para apagar el incendio crea una inundación tan nefasta como el incendio que se combate. En efecto, antes de la tríada terremoto-tsunami-Fukushima (la central nuclear en fisión), la OCDE estimaba que la deuda pública japonesa alcanzaría al 210 por ciento de su PIB en 2012 (DPA, 22 marzo 2011). En otras palabras, una deuda muy superior a las de Grecia e Italia que en 2011 alcanzaron al 156 por ciento y al 150 por ciento de sus respectivos PIB. De hecho, la mayor deuda pública del mundo en relación a su PIB.
Ahora bien, a diferencia de Grecia e Italia, Japón no corre el riesgo de una moratoria ni se ve asediado por los mercados financieros. La razón es simple: el país disfruta de suficiente ahorro doméstico, dispone de excedente en cuenta corriente y controla su moneda (cosa que griegos e italianos no hacen). Sin embargo, mientras las tendencias deflacionarias de su economía impidan que la economía se mueva y crezca, al Estado no le queda otro recurso que el seguir endeudándose más y más. Es decir, echándole más agua al incendio y con ello haciendo crecer más la inundación.
Si bien en el corto plazo ello no es problema a más largo plazo es un drama. En efecto, Japón sufre de un fenómeno doble: el crecimiento de su población se está contrayendo pero a la vez su población está envejeciendo. En 2011 el país evidencia su quinto año consecutivo de contracción del crecimiento poblacional. Pero a la vez, en fecha no lejana, las dos quintas partes de sus habitantes serán viejos y habrá más pensionados que niños (Fitz, "Postmodern Nation: Japan's Diminishing Returns", The Epoch Journal, Fall, 2011).
Así las cosas, el tamaño de su economía se ve afectado por la disminución de su población, mientras que su capacidad para pagar la deuda se ve afectada por el envejecimiento de ésta. En otras palabras, una economía cada vez menor, una deuda cada vez mayor y una población cada vez más vieja.
Alfredo Toro Hardy
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