América Latina y la vuelta al pasado
**Ochenta años de esfuerzos industrializadores parecieran estarse deshaciendo
Eco-Notas - América Latina se adentró al siglo XX como un importante productor de materias primas. Estas brindaban altas tasas de crecimiento económico y posicionaban a algunos de nuestros países entre lo más ricos del planeta. Brasil era responsable del 70% de las exportaciones mundiales de café. Las exportaciones argentinas de carne, cereal y lana (reproducidas en pequeña escala en Uruguay), encontraban pocos competidores a nivel mundial.
Las exportaciones de plata en México, Perú y Bolivia y su contraparte en cobre en Chile y Perú, generaban ingentes ingresos. El azúcar y el banano hacían sentir su presencia en las economías tropicales de la región y, para la segunda década de ese siglo, el petróleo se manifestaba con fuerza en México y en menor medida también en Venezuela y Colombia.
La Gran Depresión de los años treinta dejó a América Latina postrada. El sector primario de nuestras economías hubo de ser subsidiado por el Estado, ante su fuerte contracción, mientras la industrialización pasó a ser vista como panacea. De hecho, una industria ligera comenzó a tomar cuerpo en varios países de la región, buscando compensar a las manufacturas del mundo desarrollado que dejaban de llegar por la crisis. La Segunda Guerra Mundial habría de brindar nuevo ímpetu a este proceso de industrialización. El mismo buscaba sustituir a las mercancías que no podían llegar por la guerra y no ya compensar la insuficiencia exportadora de nuestras materias primas que, por el contrario, florecían.
Finalizada la guerra tomará forma una doctrina que daba sustento a la industrialización sustitutiva de importaciones. La misma no hacía más que conceptualizar un estado de cosas que habían ido tomando forma desde la Gran Depresión. De hecho, en 1947 la contribución del sector industrial en el PIB de Argentina resultaba mayor que el de su sector primario. Bajo esta nueva doctrina se asumía que los precios de las materias primas tendían a descender en relación inversa al aumento del de las mercancías. Ello determinaba una brecha, siempre en ascenso, en detrimento de los productores primarios. De allí la necesidad de industrializarse para no tener que importar.
La industrialización sustitutiva no fue asumida sin embargo como un proceso temporal, sino como un fenómeno estático llamado a prolongarse en el tiempo. La idea no era proteger a la producción doméstica mientras ésta se fortalecía para concurrir a los mercados del mundo, sino aislarla indefinidamente de aquel. De allí que cuando el neoliberalismo impuso una liberación de aranceles, a finales de los ochenta, gran parte del edificio construido por décadas se derrumbó ante la imposibilidad de competir con el exterior. Y lo que entonces quedó en pie cae ahora ante una competencia china de precios aún más bajos.
Al no prepararse a nuestra industria para competir, y al hacérsela competir en manifiesta desventaja, se nos condenó a volver a la era de las materias primas. La economía regional está en fase acelerada de involución hacia los parámetros que prevalecieron con el despuntar del siglo.
Alfredo Toro Hardy
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