La industrialización sustitutiva
**Fuese como fuese, la industrialización sustitutiva produjo resultados durante años
Eco-notas - Hasta 1948 la sustitución de importaciones en América Latina respondió a consideraciones pragmáticas, derivadas de problemas de acceso a las mercancías extranjeras. Tanto la depresión de los años treinta como la Segunda Guerra Mundial fueron responsables de ello. A partir de finales de los cuarenta, sin embargo, dicho proceso pasa a asentarse en una formulación conceptual que gira alrededor de la Cepal.
La base argumental sostenida respondía a dos premisas. La primera era que el comercio entre materias primas y mercancías funcionaba a favor de estas últimas, pues los precios de las mercancías tendían a subir mientras que el de aquellas tendía a bajar. La segunda era que la economía mundial se dividía entre un "centro" representado por los países desarrollados y una "periferia" formada por los países en desarrollo y que los términos del comercio mundial siempre favorecían al primero. De acuerdo a la tesis de la sustitución de importaciones las naciones latinoamericanas debían romper el círculo vicioso de una relación comercial inequitativa, produciendo directamente las mercancías que de otra manera tendrían que importar. Ello implicaba tarifas altas para proteger a las industrias locales y monedas sobrepreciadas para poder comprar los equipos para manufacturar localmente.
La industrialización sustitutiva de importaciones presentaba tres fallas fundamentales. La primera es que concebía al proceso como permanente en el tiempo y no como una etapa temporal que permitiese proteger a una industria incipiente hasta que estuviese preparada para volar con sus propias alas. Es decir, preparada para competir internacionalmente. Al darle carácter indefinido a esta situación hacía depender a nuestras industrias de unas barreras protectoras que, de llegar a caer, propiciarían una masacre. La segunda es no haber prestado suficiente importancia a la distribución desigual del ingreso en nuestros países, lo cual se traducía en mercados nacionales reducidos. Esta falla buscó ser compensada por vía de mecanismos de integración regionales o subregionales. Estos sin embargo se dificultaban cuando nuestros países reproducían el mismo tipo de industrias, tenían distintos niveles de inflación o de tipo de cambio en relación al dólar y remuneraban de manera diferente a su mano de obra. La tercera es no haber entendido que la industrialización sustitutiva se seguía sosteniendo sobre las materias primas, cuyas ventas al exterior generaban las divisas que alimentaba al proceso. Ello no sólo proyectaba volatilidad sobre el mismo sino que no lograba superar la inequidad comercial que daba razón de ser a todo este esfuerzo.
Pero, fuese como fuese, la industrialización sustitutiva produjo resultados durante muchos años. Gracias a la misma se construyó una extensa base industrial, se innovó tecnológicamente y se lograron importantes tasas de crecimiento económico. Más aún el crecimiento per cápita de la región entre 1947 y 1973 fue de 73% en términos reales. El problema es que las vulnerabilidades que anidaban en el sistema podían llegar a provocar su implosión ante una concatenación adversa de circunstancias internacionales. Y esta se produjo en los ochenta.
Alfredo Toro Hardy
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