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Al alcance de un tweet: contenidos y repercusión en la web

 

"La próxima oración es una mentira: la oración anterior es totalmente verdad".

 

twitteroracioTecno-Notas - Los dilemas o las trampas retóricas nunca se resuelven. Nos permiten transitar horas frente a la pluma o al teclado, o simplemente divertirnos, ante los silencios -y las caras- de sorpresa de interlocutores y amigos. Asimismo, ofrecen una mirada, unida a la extensión de nuestra paciencia, y de la del aburrimiento de los otros. En cierta medida, este tipo de frases y contenidos, destacan que aquello que menos se comprende, tiende más rápido a pasar de mano o de voz.

 

 

En la vida cotidiana, que se desenvuelve en las redes sociales -y se combina con el mundo físico, enfocado en la palabra hablada- poco se sabe a dónde y con cuáles efectos llega un mensaje determinado. No importa que no sea perfecto, que viaje con errores ortográficos y que esté plagado de interjecciones o frases consideradas como groserías. Más bien, el error, la confusión y la imprecisión, son parte de la premisa de la instantaneidad. Su éxito es por defecto.

 

Frente a estos contenidos espontáneos encontramos también una serie de mensajes estratégicamente diseñados y tácticamente ejecutados. Así que ¿cómo podemos evaluar hasta dónde se llega con una frase, una opinión, un desliz o un acierto? Ciertamente, lo más relevante es que, sólo en la medida que el emisor mantenga un cierto average en la precisión de sus informaciones, puede hablarse de "éxito", en clave de profesionalismo en la red.

 

No hay que olvidar que, al fin y al cabo, los contenidos varían dependiendo del interés de los usuarios o incluso del emisor. La información compartida en Twitter puede ser tan azarosa como los estados de ánimo del emisor, y varía dependiendo de su trabajo, necesidades y en especial, de lo imponderable.

 

La originalidad es un tema clave en cualquiera de los mundos considerados artísticos o tecnológicos. El factor repetición se da más comúnmente de lo que pensamos. Se roban chistes, frases, informaciones y citas, y se envían al círculo de seguidores, como si fueran propios. Se plagian formatos y look and feel de páginas Web, se ofrecen reflexiones sin haber sido previamente deliberadas y de allí un largo etcétera. Es un poco, el mal de esos extraños personajes que asisten a infinitas reuniones políticas durante el día sólo para poder dar grandes peroratas en la noche con el tono de la deliberación original.

 

En la red, tanto para los generadores de opinión como para los usuarios habituales -tú y yo- empiezan ciertas interrogantes: ¿dónde comienza mi influencia y dónde termina la tuya? ¿La generación de una orthe doxa -esto es, de una opinión razonada o validada por el trabajo empírico- logra torcer las voluntades o las tendencias, o por el contrario, ni siquiera afecta el entorno? ¿De dónde viene todo lo que recibimos? ¿Viene de fuentes primarias o de fuentes secundarias? ¿Cito o simplemente recorto y pego?

 

Revisemos unos minutos un día en la vida de un usuario frente a una red social: desde el teléfono inteligente o a la PC cuento el chiste que leí en Twitter, reproduzco el tema de conversación que vi en un status de Facebook, hago un "me gusta" en el link del blog vecino, me hago parte de la cadena del mensaje viral más cercano y lo reenvío, veo la foto de la bomba sexy o del actor de moda, reviso el horóscopo del día... y pare usted de contar.

 

Es en este tipo de entorno donde se constituyen redes de complejidad, y como diría el profesor Benjamin Wooley -en su texto ya clásico Virtual Worlds- la literatura, la ciencia y la matriz cultural -léase libros, descubrimientos, canciones, chismes y comentarios humanos- se convierten en: "bucles de retroalimentación entre la teoría, la tecnología y la cultura". Estas redes de complejidad dentro del universo Web diario, nos ofrecerán la validación -o no- inmediata -vía palabras, emoticones, mensajes de voz o retwits- de lo que hacemos en el mundo físico.

 

Finalmente, no hay que olvidar que lo que todo el mundo cree saber, es apenas, una pequeñísima parte de lo que realmente desconoce. Y esta última frase, es tan buena para tuitearla que sería un crimen no compartirla.

 

Joaquín Ortega

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