Transformar a un personaje, no siempre es tarea fácil. Para algunos creadores, lograr un arco de transformación creíble y respaldarlo con un buen argumento psicológico y literario, puede llegar a ser todo un reto. Mi villano favorito, cuenta la historia de una de esas transformaciones. Práctica, sentimental y adaptada a un público mucho más amplio que el de Lo que el viento se llevó o El violinista sobre el tejado, por nombrar algunos clásicos ejemplos de sendas metamorfosis.
Lo primero que se hace en la cinta, es forzar la ficción. Este procedimiento, a veces mágico, a veces brusco, es prácticamente un ritual. El mundo de Gru es artificial y atemporal, caer en cuenta de ello no cuesta mucho, pues se le sumerge a uno de una forma bastante radical; sus personajes van germinando como árboles en un bosque de fantasía y anarquismo, y después de un planteamiento meticulosamente elaborado, se pasa a una fase de acción y aventuras, que contrastan con su final tierno y emotivo. De esta forma, la cinta se asegura la simpatía de grandes y chicos.
Pero más allá del ritmo y de las acciones, del verde tan resaltado en el metraje, los personajes y el guión irreverente; la historia triunfa en intriga y suspenso. Escenas en el espacio, mezclados con paisajes urbanísticos futuristas, le dan un aire de ciencia-ficción muy determinante. En tal caso, cualquier artificio es válido para convertir al villano en héroe, allí radica la esencia del filme y, en fin, todo su argumento.
Encantadora y llena de mucha energía, se luce la banda sonora responsabilidad de Pharrel Williams; de la que destaca también el tema My life. El guión por su parte, aunque recurre de manera brillante a los gags, y sí que estimula la comicidad en la historia; no es del todo acertado, la mayor parte del tiempo los parlamentos carecen de fuerza y de contundencia, como si avanzara y al mismo tiempo retrocediera sin llegar a romper el equilibrio en la cronología de la trama.
Una historia divertida y elocuente; no hace historia ni crea ninguna trascendencia cinematográfica, pero representa una buena opción dentro de la cartelera infantil actual que, como siempre en estas épocas, acumula más decepciones que aciertos.