M. Night Shyamalan se dio a conocer gracias a la aclamada: EL SEXTO SENTIDO; después de 6 nominaciones fallidas a los premios Oscar, el Instituto Americano del Filme incluyó su obra en la lista de las mejores 100 películas de todos los tiempos. De esta manera el recién conocido hindú, se aseguró para siempre un lugar en la historia del cine. Pero sus producciones siguientes, se alejan muchísimo, de la sobriedad, la elegancia y la inteligencia con la que nos sorprendiera en 1999. EL ÚLTIMO MAESTRO DEL AIRE (Avatar: The Last Airbender) es su último trabajo cinematográfico.
Basada en una serie infantil transmitida por la cadena Nikelodeon, con un argumento retocado y un gran presupuesto, se pretende revivir estilos fantásticos como el propuesto por LA HISTORIA SIN FIN en 1984, y replicados con poca seriedad en los noventa por adaptaciones de video juegos como MORTAL KOMBAT o la incronológica saga de STREET FIGHTER. El resultado ha sido una extraña mezcla de errores y aciertos.
Errores: el guión es excesivamente infantil, tedioso e incluso anticuado; esto ralentiza la narración y atropella, muchas veces, a elementos valiosos como la dirección de arte y el diseño de producción en general.
La bien lograda arquitectura de los personajes, donde se anteponen elementos visuales y fantásticos al histrionismo lineal y acartonado del elenco, es uno de esos consistentes aciertos que hacen que mantenerse en la sala, no sea del todo una pesada labor. El vestuario, por su parte, contribuye muchísimo a la estética del film, mientras que la fotografía corona este cóctel de desaciertos, sin deslumbrar pero tampoco decepcionando. Un equilibrio sostenido por suerte más que por estrategia cinematográfica.
La simplicidad de la historia, casi se sacrifica al proporcionarle tantos planos innecesarios a la cinta, incluso muchos diálogos comienzan a sobrar cuando el ritmo se cierne y agudiza sobre el espectador, es allí cuando empieza a decepcionar y a maltratar lo poco estéticamente creado hasta ese punto. Puede reconocerse hacia la primera mitad de la segunda parte.
EL ÚLTIMO MAESTRO DEL AIRE es una película netamente infantil y fantástica, con elementos bélicos y artes marciales de por medio, con un grado medio de acción y otro de aventura, con coreografías y combates entretenidos -destacable entre ellos, las escenas en la que Aang (héroe de la ficción) vuela ayudado por su peculiar instrumento de defensa- pero que carece totalmente de inspiración.
Una historia mecánicamente compuesta y mecánicamente narrada, con pocos rasgos de sensibilidad, pero con la suficiente gracia como para que una trilogía esté ya garantizada. Suerte a los futuros seguidores de esta aventura.