Vals de intrigas y engaños
Es Una Nota - Las intrigas matrimoniales ya han causado mucho daño en Hollywood, en este y en otros tiempos. El precio de la traición rebusca y escarba en ese Hollywood bizarro y roñoso, algo se puede sacar todavía de él.
El elenco es la joya de la corona en El precio de la traición, usar actores desconocidos hubiese sido el suicidio para Atom Egoyan y su película. Los matices que aporta Julian Moore son imprescindibles, su paranoica desesperación y esa encrucijada tan perfectamente dibujada entre los celos y el engaño, en la que se encuentra, vienen a ser casi el único valuarte del film; que en realidad es un remake de la francesa Nathalie X.
Los remakes no tienen escudo ni perdón, por sí mismo puede levantar un nuevo e independiente universo visual, aunque la historia ya haya sido contada. La capacidad de reinventar no radica únicamente en las interpretaciones, que también son importantes. El universo que vemos reflejado en este caso, es banal y traslucido, poco definido, aunque la intriga funcione de mil maravillas.
El panel lo completan Liam Neeson y Amanda Seyfried, siendo esta última la más destacada del trío, con un trabajo sobrio, pícaro, sencillo y elegante. Además muy distante de sus trabajos recientes (a Dios gracias).
Lo que le falta a la historia es un poco más de síntesis, más practicidad narrativa. Al fin y al cabo, serán los elementos visuales los que siempre triunfen en el cine. Hacer un zoom acción por acción, no es precisamente ligero. Aún así, la depravación, el morbo y la seducción, dominan todo el metraje con mañosa habilidad, aunque muchas veces el tono luzca encasillado y monótono.
El precio de la traición trata de eso simplemente. Otros giros hubiesen sido innecesarios, el poder sexual, al fin y al cabo es el gran tema de muchas películas, el engaño cae a un segundo plano y al final todo se vuelve netamente erótico (y astutamente salpicado de sangre). Toda una rareza, un exotismo cinematográfico, de lo que ya no se hace, o se hace muy poco. Pero los aciertos siguen sin ser claros o contundentes. Al terminar la proyección, se propina un sinsabor visual y narrativo, pero sobre todo una imperdonable carencia de ritmo.
Gabriel Vargas-Zapata
@gvargaszapata
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