| Es Una Nota |
Punto menos para Eastwood
Cuando hablamos de Clint Eastwood, no solo nos referimos a una leyenda viviente de Hollywood, de las pocas que aún viven; Eastwood se ha convertido en está última década en un cineasta consagrado delante y detrás de las cámaras. De su faceta como director si tuviera que elegir, me quedaría con Million dollar baby (2004) y Mystic river (2003).
Más allá de la vida, es una singularidad dentro de su filmografía como director, y no una singularidad para bien precisamente. La cinta, que tiene a la muerte como tema central, es un remolino de historias que, gracias a la sutileza con la que son narradas, a una fotografía muy clásica y a los suaves movimientos de cámara; se consigue no congestionar ni apelmazar en un cúmulo de sucesos y de antecedentes inverosímiles, un riesgo que se ha corrido durante todo el metraje. Por el contrario, resulta ligera y ecuánime.
Las interpretaciones son también incuestionables. He de destacar la de los gemelos Mclaren. El resto del elenco traspasa brevemente la normalidad. Y unos impactantes diez minutos iniciales, son probablemente los elementos más valiosos del filme.
Sin embargo, la historia sufre de varios males, el más importante quizás sea su duración, que sin llegar a ser desproporcionada o excesiva, se siente más extensa de lo que debería. A partir de allí, su ritmo amusical y apaciguado, se torna negativo y desleal a la historia, restándole contundencia y afinidad para con los personajes.
Aunque resulte algo terrible ver cómo la cinta se transforma prácticamente en un inconveniente, el final es tan conmovedor y cortés, que se cuela como agua entre las manos y deprime un precipitado mal enjuiciamiento. Pero como somos un público listo y capaz de mirar hacia atrás, nos permite concluir que la última oferta fílmica de Eastwood es un desgaste creativo, de donde quiera que se le mire.
Más allá de la vida es tierna y voraz, pero carece de emoción. Comienza con fuerza y termina con asfixia, y entre un punto y el otro no existen conexiones contundentes.
Por Gabriel Vargas-Zapata
@gvargaszapata
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