El recuerdo de Los Muppets
Es Una Nota - El cine infantil parecía haber desaparecido. Durante los últimos 20 o 30 años, poco es lo que el género ha facturado. El empeño de Disney en crear historias cada vez más familiares y menos infantiles, han arrinconado al cine para niños a la televisión. Por no hablar ya de cine animado téngase en cuenta que el mito "cine animado es igual a cine infantil" está hoy más que abolido.
¿Y qué decir del cine de marionetas; reservado al terror durante tanto tiempo, explotado y catapultado por Jim Henson durante los '80, a un nivel sencillamente superior, pleno de belleza y sentido puramente cinematográfico (aunque también oscuro)? Es una rareza que el cine solo ha sabido aprovechar a cuentagotas. Y a día de hoy se le considera de culto, en el mejor de los casos, o freak, cuando se pretende ser hiriente.
Así pues, Los Muppets resucitan quizás en el momento menos indicado. Su novena incursión cinematográfica no podía estar más falta de espíritu Hensoniano. No sé si por pretender encajar en un contexto moderno que definitivamente no les pertenece, bien a modo de experimento o concientemente operado con fines meramente cinematográficos que, como es obvio, no se han cumplido, o por una resurrección puramente entendida.
Nada de esto se cumplen en primer lugar porque se nos presentan con un estilismo que no corresponde al público al que se ha dirigido. Una historia amargamente infantil, que puede resultar cansina para los adultos y probablemente divertida o entretenida a los más chicos. Los Muppets no son de esta época, no pertenecen a ella ni tienen porque hacerlo.
Con ello no quiere decir que no tenga ganas de verles. ¿Cómo no querer ver de nuevo a la rana René, a Piggy o a Gonzo? Personajes por los que no puedo profesar menos que cariño y respeto. Sencillamente me hubiera gustado verles dentro de otro contexto, algo más vintage sin perder la orientación y la consideración a los tiempos que corren, pero sin sacrificar modismos y clichés que, en mi opinión muy particular, con este largometraje de James Bobin, se han perdido.
Con la salvedad de una secuencia última, en la que, levemente se aviva el fuego muppe-t-riano y algunas de sus canciones, definitivamente encantadoras. Mientras que en el lado histriónico, habría que poner entre paréntesis a la ya clásica de la casa, Amy Adams; una especie de Julie Andrews del siglo XXI, a la que cabría volver a ver en algo parecido a Encantada (Lima, 2007); y por lo visto será dentro de muy poco.
Los Muppets es una aventura dentro de la aventura, es una historia que nos habla de estrellas olvidadas, de amor y de amistad con una facilidad, insistiré, mal aprovechada. En definitiva, remueve recuerdos pero no los consolida.
Gabriel Vargas-Zapata
@gvargaszapata




