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Después de los escombros

 

"Ellos quieren ayudar y están dispuestos a usar el diálogo en lugar de la fuerza"


119Nota de Agenda - Tras el ataque del 11-S el mundo cambió. La frase obligada hace una década hoy día significa otra cosa: el gran cambio lo vivió Estados Unidos ante un mundo que avanzó a su propio ritmo. Con la caída de las Torres Gemelas el país perdió el foco de su desarrollo, y como dice el articulista Thomas Friedman, ha pasado los últimos 10 años persiguiendo a los perdedores de la globalización en lugar de competir con los actores emergentes.

 

 

Hacia afuera, lo que siguió al 11-S fue una carrera militar que tras dos guerras ha quemado billones sin resultados claros. Internamente, creó un aparato de seguridad tan grande y secreto que nadie sabe cómo opera. Un reporte del Washington Post señala que 1.271 agencias gubernamentales y 1.931 compañías privadas trabajan en contraterrorismo e inteligencia, muchas veces sin resultados efectivos. EEUU fue a la guerra y se disparó en el pie.

 

En estos días no han faltado las comparaciones entre Pearl Harbor y el 11-S. Pero John Dower, ganador de un Pulitzer y autor del libro "Cultura de Guerra", dice que esta analogía sembró la idea de que el país podía ganar la batalla usando la fuerza bruta. Así la persecución de Bin Laden abrió el frente de Afganistán y el cuento de las armas de destrucción masiva llevó a Irak. Tras el 11-S el miedo tomó el control y la guerra se transformó en negocio. Una espiral de violencia alimentada por los intereses políticos.

 

Pero hay otra historia que contar: Durante esos años, mientras colapsaba el sistema financiero y se perdía la competitividad, surgió una generación que ve el mundo con otra óptica, mucho más abierta y comprometida.

 

Son los milenarios, aquellos jóvenes que tenían entre 10 y 19 años en el 2001 y reaccionaron de manera pro activa a los ataques. Cristina Pereda escribió para El País que esta generación es más solidaria e interesada en el extranjero que las anteriores. Una razón sería la conectividad de la globalización. Pero según Patricia Sommers, de la Universidad de Texas, que el 20% de los jóvenes diga que el 11-S influyó para la escogencia de una carrera ligada al servicio público dice algo más: ellos quieren ayudar y están dispuestos a usar el diálogo en lugar de la fuerza.

 

Estos son los estadounidenses que definirán la próxima década en el país, con el reto de recuperar el ideal de desarrollo y justicia. Los diez años pasados fueron para recoger los escombros.

 

Eli Bravo

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