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Yamilet Bellido: De “balsera” a empresaria pesquera
Marybel Torres
La convicción de que un futuro mejor le esperaba fuera de las fronteras de su país, llevó a Yamilet Rubio, hoy Bellido de Luna, a tomar la arriesgada decisión de salir de Cuba en balsa. Por siete veces lo intentó y, cabalísticamente, fue el séptimo día cuando finalmente lo logró.
Con viva emoción recuerda aquellos duros momentos: “Mi familia vendió todo lo que teníamos. Nos quedamos sin nada, ni siquiera con una cuchara para comer”.
La justificación de tomar esa “aventura” no podía ser mas contundente: “Vivíamos en un mundo irreal, con una situación económica asfixiante. En la universidad nos enseñaban que existe igualdad en el hombre y, de pronto, el velo se nos cae y nos damos cuenta que esto es una gran mentira, que en Cuba existen diferencias sociales grandes y muy marcadas, que no existe tal igualdad. Que había pobres y ricos, hambre, miseria”.
El año seleccionado fue 1994 y las siete veces que lo intentó, fue con grupos de personas distintas, que tenían el mismo deseo, porque como bien lo dice el cineasta Woody Allen “los soñadores son los salvadores del mundo”.
--¿Cómo se produjeron esas salidas?
--La primera vez estuvimos 5 horas en el mar y nos regresamos porque la balsa no estaba en condiciones. La segunda, iba con nosotros un pareja con dos niños y, a uno de ellos, le dio un ataque de asma y ante el temor de que muriera asfixiado, regresamos. La tercera, nos agarraron los guardias de seguridad, a quienes sobornamos con 200 dólares y nos dejaron en libertad. La cuarta, de nuevo nos apresaron, esta vez nos quitaron todo y no conforme nos llevaron presos. La quinta vez, estuvimos por siete días en el mar y cuando todos pensábamos que estábamos cerca de las costas de La Florida, nos topamos con la triste realidad de estar en otra provincia de Cuba. La sexta, la balsa sencillamente se nos hundió y tuvimos que nadar más de una milla, para poder alcanzar la orilla. La séptima, fuimos finalmente localizados por la asociación “Hermanos al Rescate”, quienes nos llevaron a un guardacostas americano y de allí a la Base Naval de Guantánamo.
¿Y la Coca Cola?
Cuando Yamilet y el grupo que en ese momento la acompañaba fueron rescatados, deshidratados, sin provisiones de comida y agua, lo primero que pidió fue una Coca Cola, gaseosa que saborearía tiempo después en Guantánamo. La experiencia en el asentamiento militar no fue para nada fácil. Allí tuvo que convivir con 35 mil balseros, prácticamente hacinados. Recuerda que la frustración, la desesperanza y la incerditumbre minaron el espíritu de muchos quienes murieron ahogados, otros se suicidaron o sencillamente en un intento por devolverse a Cuba, se quedaron en las minas, porque Guantánamo era, en ese entonces, el campo minado más grande del mundo. Los que se quedaron pudieron soportar la campaña ideológica sistemática que corría de campamento en campamento “ustedes no irán a los Estados Unidos”.
Fue precisamente en Guantánamo, donde Yamilet conoció a Jorge Bellido, su actual esposo. Para ese momento, Jorge, quien habla inglés, servía de intérprete entre los militares norteamericanos y los refugiados. Junto con él y otros amigos editaba el semanario ¿Qué pasa?, con información general de lo que sucedía en la Base. “De esta manera nos enterábamos de todo tipo de información. Sabíamos que Estados Unidos daría solución al problema, pues el gobierno lo generó al instar a la población a salir de Cuba, como sucedió en 1980 con el Mariel”.
Para ellos, la solución vino año y medio después, cuando salieron en un vuelo privado, de los dos semanales que tenía dispuesto el gobierno de los Estados Unidos, para ir sacando a los balseros que se encontraban en Guantánamo.
Agradecida con EEUU
La experiencia de Guantánamo le dejó muchas enseñanzas. Una de ellas fue aprender a convivir con todo tipo de personas, la solidaridad y ser agradecida. “Toda mi vida le estaré agradecida a este país. Fue un sentimiento que nació desde el mismo instante que subí al guardacostas”.
--¿Y qué es para ti Miami?
--Miami es mi casa, el lugar que siento que nací. Es un pedazo de mi tierra transportado. Aquí es donde realmente me he sentido libre y disfruto con mucho más placer, mi música, el baile, mi comida, a mi gente. Aquí me siento más cubana.
--¿Extrañas a Cuba?
--Realmente, no. Cuando puedo visito a mi papá, pero me deprime ver como se vive, el atraso y la ceguera de mucha gente.
De “balsera” a empresaria
Es egresada de la universidad de La Habana, en Filosofía y Letras. Llegó a los Estados Unidos cuando tenía 22 años. Aquí formalizó su unión con Jorge Bellido, con quien tiene dos hijos: Aixa y Jorgito de 11 y 7 años, respectivamente.
Sus inicios en este país fueron duros, como sucede a la mayoría de los inmigrantes. Luego comenzó a trabajar en una de las más grandes distribuidoras de pescado fresco de Miami. Allí, permaneció por espacio de seis años. “La clave de llegar a tener éxito en cualquier empleo, por sencillo que sea, está en la honestidad, en ser buen empleado, en ser sincera, honrada”.
Muy a pesar de sus jefes, Yamilet y su compañero de trabajo Elvis Pusey, decidieron independizarse. Al frente de la compañía “Ariel SeaFood”, llevan dos años. “El haber realizado un buen trabajo, aprenderlo y conocer a tanta gente, nos ha permitido llevar con éxito nuestra propia empresa”.
--¿Cuál es el trabajo que hacen en Ariel Seafood?
-- Importamos 100 mil libras al mes de pescado fresco, langostas y camarones de diferentes países del mundo como México, Perú, Chile, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Venezuela. Lo distribuimos a mayoristas de Miami y de todo los Estados Unidos.
--¿Piensas seguir creciendo en tu negocio?
--No, porque si seguimos creciendo, tendría que sacrificar algo muy valioso para mí como mi familia, mis hijos, mis amigos, a quienes me gusta dedicarle tiempo.
Además de su trabajo y familia, lo que más disfruta es viajar y cocinar las delicias de la comida cubana.
La Vida es Bella…
Aunque la frase suene a película, Yamilet considera que la vida con todos sus bemoles es bella. No cree en Dios, porque el régimen comunista va en contra de la religión, sin embargo, el perdón, la solidaridad, la caridad y verle el “lado bueno a la gente”, son prácticas que ejercita diariamente por aquello de que la vida es un efecto “boomerang”.
¿Sueños por cumplir? repregunta, “creo que ninguno, por que amo la vida y esta es bella”…






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