Las cajas en tu vida...
Notas del Alma - Queridos lectores, el tema de esta semana no sabía cómo comenzarlo porque quería hablar de muchas cosas, y de nada a la vez. Quería hablar sobre el amor y sobre la soledad. Pero no comprendía lo que Dios quería de mí, puesto que no lograba poner mis pensamientos en orden… Y fue cuando comprendí…
Que no era tanto el enseñar como el aprender, que eran más preguntas que respuestas. Tengo una amiga que su esposo fue el gran amor de su vida, murió de cáncer después de una larga batalla de dos años. Aunque hemos mantenido contacto durante más de siete años, nunca nos habíamos sentando a verdaderamente hablar. En conversaciones con ella descubro que el aun estaba ahí, que ella nunca tuvo el valor de enterrar al amor de su vida, que su garaje estaba lleno de él, de todos sus recuerdos, de todos esos años de alegría, de los últimos años de dolor. Que había cajas por donde quiera, llenas de polvo, cajas que ella cerró para su última mudanza, y que nunca tuvo el valor de volver a abrir. Aun estaba en una bolsa plástica su ultima ropa, con el plástico desgastado por las tantas veces que la había abierto para simplemente sentir su olor, para sentir que el aun estaba allí.
¿En qué momento nosotros escogemos detener nuestras vidas por no tener el valor de continuar? ¿Por qué al ser humano le es tan difícil de entender la naturaleza de la vida?, ¿por qué a veces escogemos la soledad por dolorosa que sea, a la felicidad por temor a enfrentarnos a ella?. Yo he perdido en mi vida a personas importantes, como mi papa, después de una batalla contra el cáncer en el pulmón. El dolor fue inmenso para nosotras, y más aún para mi mamá, que pensamos que la perderíamos en el mismo viaje, y aún sintiendo tan cerca su dolor no comprendí porque mami no quería luchar. Tuvimos que regañarla para poderla sacar de su tristeza. Cuatro años más tarde de la muerte de papi, es que he comprendido el dolor de mami y de mi amiga, puesto que el dolor no es en el corazón, el dolor es en el alma, que se cala tan profundo que aprendes a vivir con él y se convierte en parte de tu mobiliario. Más de mil veces te preguntas, ¿por qué me dejaste si yo te amaba tanto?. Mi amiga y yo lloramos juntas, lloré por ella, lloré por mí, lloré por mami, simplemente lloré... Y le pregunté a Dios porque después de tantos años me traes de nuevo aquí, a esta situación. Comprendí que aún dentro mi habían lecciones que aprender, que aún dentro mi habían cajas sin abrir, que aún dentro de mi había polvo que limpiar.
Sindia Lima
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