Estambul: la pasión turca
*La antigua capital del Imperio Otomano se ha convertido en un lugar para visitar y repetir varias veces. No es tan barata como lo fue hasta hace unos años, pero permanece como la ciudad bisagra entre Oriente y Occidente.
Viajar Es Una Nota - Si algo tiene de bueno regresar a una ciudad es darse una segunda oportunidad para averiguar si la primera visita fue sólo un resplandor o si por el contrario, ese destino es capaz de sorprender como lo hace Estambul, que siempre asombra y tienta a volver.
La ciudad turca, que hasta 1923 fue la capital del Imperio Otomano, no es en la actualidad la metrópoli barata de hace seis u ocho años, aunque todavía los precios de un hostal o de una cena están por debajo de los de cualquier capital del Viejo Continente. No en vano el Gobierno, en su intento por ingresar a la Unión Europea, ha dado muestras de ordenar la economía y por eso, los turistas ya no se llenan de billetes, como ocurría en el pasado, cuando en cualquier casa de cambio le daban más de un millón de libras turcar por un dólar o un euro. La paridad de esa moneda con respecto al euro o el dólar está en 2,18 y 1,51 liras turcas, respectivamente.
La red de transporte ha mejorado. La ciudad también está más limpia, pero no pierde su condición de bisagra entre oriente y occidente: por un lado su tradicional mercado de especies, el regateo del Gran Bazar, la danza de los derviches y las oraciones que se escuchan al menos cinco veces al día en las mezquitas; y por el otro, una urbe que diariamente se hace más cosmopolita por su oferta de espectáculos, conciertos y gastronomía.
A eso se agrega que gracias a Orhan Pamuk, premio Nobel de Literatura 2006, aumentan los visitantes deseosos de conocer los sitios que recrea el escritor en sus novelas; y por supuesto no falta quien en su morral lleve una guía de Lonely Planet, junto a un libro con páginas subrayadas de Pamuk, sobre todo Estambul, Memorias y la Ciudad.
Todo en Sultanameht. Nada mejor que conseguir alojamiento en Sultanameht, en el lado europeo de Estambul, donde se concentran la mayoría de los lugares que se deben visitar en esta ciudad y se consiguen alojamientos económicos. Una habitación doble con baño incluido ¬sin lujos, pero bastante limpia y confortable¬ puede costar 40 euros por noche y la tarifa incluye el desayuno, con pan, queso feta, aceitunas, pepinos, tomates, huevos duros y café o té.
Una caminata por esta zona debe comenzar en el parque que separa a las mezquitas Azul y Santa Sofía. Esta última, por haber sido templo religioso tanto para cristianos como musulmanes en épocas diferentes, es en la actualidad un museo que reúne vestigios de esa época lejana en la que la ciudad se llamaba Constantinopla, y una nutrida muestra de arte bizantino.
Otro lugar que debe visitarse en Sultanameht es el palacio de Topkapi, residencia principal de los sultanes durante el Imperio Otomano, sitio para entender la manera de vivir de la realeza turca, en la que placer y poder lograban una armonía perfecta, sobre la base de los excesos.
La visita incluye el harén real, que aparte de ser el refugio del monarca y de sus esposas era también el lugar donde se tomaban las principales decisiones políticas.
El recorrido por el harén del Topkapi debe hacerse, obligatoriamente, con un guía que mientras enseña instalaciones como el baño real o los lugares íntimos de la madre del sultán, brinda información acerca de cómo la matrona era la única mujer con poder en todo el imperio, al punto de que tenía la potestad de decidir hasta con quién se acostaba su hijo. Los precios de las entradas al palacio y al harén suman alrededor de 16 euros.
Otros lugares que evocan el pasado imperial de Estambul son la mezquita de Solimán el Magnífico, los museos de alfombras y mosaicos, y las islas de los príncipes, en especial la mayor, Buyukada, a la que se llega en embarcación, por el mar de Mármara desde Estambul. Una vez en el sitio, el poblado puede recorrerse a pie o en carretas tiradas por caballos.
Otro paseo recomendable es un recorrido por el Bósforo ¬que dura un poco más de dos horas¬, desde el puerto de Eminönü hasta la entrada al mar Negro, para poder ver desde el agua, el último de los palacios del sultán ¬el Dolmabahce¬, en todo su esplendor; las construcciones de madera de los otomanos y la mezquita de Ortaköy.
El rito del regateo. El principal centro de compras de Estambul, aunque no necesariamente ofrece los mejores precios, es el Gran Bazar. Allí están reunidas no menos de 4.000 minitiendas, que venden artesanías, música, textiles, bisutería y, por supuesto, alfombras: el producto que más se expende, no solamente en ese centro comercial, sino en cualquier otro sitio de Turquía.
Té de manzana de por medio, el regateo es práctica esencial a la hora de escoger y comprar al menos uno de esos tejidos. El visitante también encontrará en este lugar pinturas árabes, cojines y lámparas, así como las creaciones de artistas de la pluma, que escriben cualquier nombre con la caligrafía que usaban los sultanes, y numerosos cafés.
Otro punto de compra es el mercado de las especies, donde se comercializa gran variedad de aceitunas, polvos aromáticos, frutas, dulces árabes, quesos blancos, y condimentos. Es común ver allí a vendedores ambulantes que llevan montañas de pretzels o roscas de pan sobre sus cabezas.
Si se cruza el canal del Cuerno de Oro, a la altura del puente de Gálata, se llega a la zona de Beyoglu, que tiene dos lugares emblemáticos de la ciudad: la plaza Taksim y el bulevar Itiklal Cadessi, donde está el famoso bar Estambul 360°, con una terraza que ofrece una de las mejores panorámicas de la ciudad, que se puede disfrutar de día y de noche.
Otra opción para realizar compras es el Cevahir Shopping Mall, que figura en la sexta posición entre los centros comerciales más grandes del mundo, y que tiene acceso al sistema de metro en la parada de Sisli, al norte de la metrópoli. (Andrés Rojas Jiménez)
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