Iguazú, la fuerza de las aguas se desborda en Suramérica
Viajar es una Nota - Cuando el autobús turístico sale del pequeño Aeropuerto Internacional de las Cataratas del Iguazú, el verdor se impone. Una ruta de tierra roja y vegetación agreste se abre paso hasta las entrañas de Puerto Iguazú, una de las ciudades que integra la provincia argentina de Misiones.
Las Cataratas de Iguazú son su principal atractivo y no es poca cosa: el 11 de noviembre de 2011 fueron elegidas como una de las Nuevas Siete Maravillas Naturales del Mundo.
Escuchar el relato del guía comienza a empapar al visitante con la universalidad del lugar: se hablan con fluidez el castellano, el portugués y el guaraní, pues hay 52 asentamientos de esta etnia. La zona tiene triple frontera con Brasil, Argentina y Paraguay, y las cataratas (275 saltos de hasta 80 metros de altura) están repartidas entre los dos primeros países.
Espectadores del paraíso. Dicen que las cataratas se admiran del lado brasileño y se viven del lado argentino, pero ambas experiencias se complementan a la perfección.
La aventura comienza en el Parque Nacional do Iguaçu, ubicado en Foz do Iguaçu, Brasil. Desde el Puente Internacional Tancredo Neves se observan las aguas del río que le da nombre al parque. Las temperaturas varían de 15ºC en invierno a 30ºC en verano, siempre con mucha humedad.
La estructura del parque brasileño, de inspiración safari, adelanta a los visitantes lo que encontrarán en sus 185.000 hectáreas de selva. En un autobús de amplios ventanales, el conductor indica el nombre de las estaciones. En Trilha das Cataratas, la cuarta parada, empieza una caminata de poco más de un kilómetro para disfrutar la vista panorámica de los saltos de agua.
La fauna también se desborda en coloridas mariposas y simpáticos mamíferos como el coatí, que parecen posar para la foto. No es recomendable alimentarlos porque es perjudicial para ellos y no se sabe cómo pueden reaccionar frente a los humanos cuando se trata de comida.
Desde los miradores ubicados a lo largo del sendero se aprecian saltos como Tres Mosqueteros, Santa María, Deodoro, Floriano, Unión y La Garganta del Diablo.
Al final del recorrido se encuentra la gran pasarela con vista a la Garganta del Diablo, una catarata de 80 metros de altura que contagia su fuerza a través del rocío que lanza. No lo subestime: lleve ropa cómoda que pueda mojarse. Si lo prefiere, puede pedir un impermeable, pero un baño de esta llovizna renueva al visitante y es parte de la diversión. Los guaraníes la bautizaron como Garganta del Diablo por su profundidad y porque asociaban la bruma que emerge de sus entrañas con el aliento del ser maligno.
Más adelante se encuentra el Espaço Naipi con otro mirador, baños, una tienda de recuerdos y servicios de fotografía. Quienes deseen comer con un hermoso paisaje de fondo, conectarse a Internet o requieran primeros auxilios, pueden seguir hasta la estación Espaço Porto Canoas. Dentro del parque se realizan paseos en bote hasta el pie de las cataratas, en una excursión que combina caminata con navegación.
Se llama Macuco Safari .
Se admiran y se navegan. En el lado argentino, el Parque Nacional Iguazú posee 67.620 hectáreas de pura naturaleza.
Su construcción no requirió una intervención severa del lugar: las pasarelas para recorrer los saltos se mimetizan con el ambiente.
La reserva integra las vistas panorámicas con planes opcionales de navegación hasta las cataratas y largos recorridos a pie. Lo mejor es llevarse puesto el traje de baño bajo la ropa.
El paseo comienza con una caminata desde la entrada del parque hasta la Estación Central, donde hay servicios sanitarios y un pequeño restaurante. Allí se espera el Tren Ecológico de la Selva, impulsado a gas natural. En la Estación Cataratas se inicia una ruta de caminerías y pasarelas que las muestran desde diferentes ángulos.
Hay caídas de agua discretas como el salto Chico Alférez y Dos Hermanas, y portentosas como Rivadavia, Peñón y Adán y Eva. En esta parada, además de confluir los circuitos inferiores y superiores, se encuentra un acceso al sendero verde, un camino de 600 metros de longitud que se adentra en el corazón de la vegetación de Misiones. Quienes avanzan con atención observan aves y animales silvestres, o al menos escuchan sus sonidos característicos.
La estación Garganta del Diablo es una de las más esperadas. Luego de caminar por senderos naturales y una larga pasarela sobre el río Iguazú, se llega al mirador para contemplar cómo miles de litros de agua caen desde lo alto y levantan una bruma que moja los lentes de las cámaras, los cristales de los anteojos y refresca el espíritu.
Mojarse con gusto. Hay una atracción llamada La Gran Aventura, que recorre 8 kilómetros por el sendero Yacaratiá para conocer la flora y la fauna desde lo más profundo.
Su selva posee más de 3.000 especies de plantas, muchas de ellas medicinales.
Palmeras de palmitos, palo santo y yagrumos se alzan a un lado y otro del camino. Al llegar a la parada, hay que bajar hasta un pequeño muelle, donde entregan una bolsa para proteger las pertenencias del agua. Una vez apertrechados con chalecos salvavidas, el bote comienza a navegar el Iguazú, que muestra a su vera un maravilloso desfile natural de saltos de agua.
Al acercarse al cañón de la Garganta del Diablo los latidos del corazón se sincronizan con la rapidez de la lancha. Una pareja argentina sonríe para las fotos, mientras los demás se van parando hasta la proa para tomar la instantánea de rigor. El chiquitín de la pareja se tapa los ojos frente a la caída de agua, pues el chapuzón es grande.
Todos alzan los brazos, gritan, se atreven a mirar hacia arriba si pueden y se maravillan con la cortina acuática.
"¡Otra, otra, otra!", pide el grupo apenas termina de aplaudir. Los lancheros complacen y se repite el paso, con la emoción intacta.
De vuelta a la orilla el recorrido lleva por senderos y miradores donde se aprecian los arcoiris entre las cascadas y el río. Llegar a la parte superior del parque es un desafío que agota el cuerpo, pero también reconforta ante la inmensidad de la naturaleza. Andreína Monasterio
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