Ángeles y demonios
Imaginemos una sociedad conformada puramente por ángeles, en la que todos se inclinan a cooperar permanentemente con su prójimo para la materialización de emprendimientos comunes. Entendamos como ángel a un ser con una reserva ilimitada de altruismo o conducta voluntaria que beneficia a otros y cuyo autor, completamente honesto, no anticipa beneficios externos.
Pues bien, así conformada, dicha sociedad no sería "estable". Sabiendo que todos los demás honrarán sus compromisos, un oportunista tendría la posibilidad de obtener ganancias mucho mayores en ésta sociedad que en una conformada por "no cooperadores". Sólo le haría falta una oportunidad espectacularmente exitosa para convertir a los ángeles en seres mortales comunes, como usted y como yo, y desconfiados.
Ahora bien, una sociedad en donde todos fueran demonios que engañan y estafan a su prójimo con cuanta oportunidad se presente, tampoco sería estable: La introducción de una pequeña cantidad de ángeles en dicha sociedad de demonios, les permitiría obtener grandes beneficios a costa de los demonios. Y como éstos últimos son incapaces de trabajar en conjunto, irían perdiendo terreno hasta desaparecer convertidos en ángeles. En el tradicional ejemplo de la teoría evolutiva de juegos, una población mixta de palomas y halcones no se mantendría estable si todas las palomas fueran devoradas por los halcones: Estos últimos, ante la falta de alimento terminarían devorándose mutuamente.
Lo que nos enseña tal teoría de la evolución es que, en todas las sociedades, habrá una población de individuos que reunirán, simultáneamente y en proporciones variables, cualidades angelicales y características demoníacas. La proporción de ángeles y demonios dependerá de los beneficios que cada uno de ellos logre obtener. Es decir, la proporción dependerá de las recompensas que acumulen los ángeles con su conducta cooperativa y de los éxitos que tengan los demonios con su conducta oportunista.
Dado que estamos en un ejercicio imaginativo, no resultaría descabellado suponer que en el caso de una elección presidencial, ambos grupos tomarían decisiones de voto en función de las recompensas y de los éxitos derivados de posibles futuras oportunidades. Lo anterior pudiera implicar que la elección de los votantes es más bien racional, ello sin que el término signifique que sus preferencias son absolutamente egoístas o que saben absolutamente lo que están haciendo.
Si los ángeles o los demonios no se comportan como un "Homo economicus", entonces adicional a la del voto emocional o religioso (así lo llamaría Hinterlaces), estaría la posibilidad de que el voto emitido por los individuos estuviera ligado a la percepción que estos tienen de los candidatos, es decir, que emitieran un voto de opinión: Sería un voto informado que tiene lugar a partir del convencimiento o empatía con el programa o propuestas políticas del candidato.
Allí es donde se estaría equivocando el oficialismo al pensar que, en su juego con la oposición para las elecciones presidenciales, se encuentra en una suerte de equilibrio de Nash. Ello en virtud de que ha adoptado lo que cree es su mejor estrategia (la única que conoce y la única que le ha dado resultados siempre) y de que juntos, oposición y oficialismo, conocen la estrategia del otro. En consecuencia, cree que no gana nada modificando su estrategia si la oposición mantiene la suya que ahora sí es de "verdad verdad".
Amanecerá y veremos.
César Tinoco
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