Conversación con la pena, un poema de Eduardo Escalante

Las penas propias y las ajenas son a menudo incomprensibles. Sin embargo, ellas nos hablan de la magnitud de nuestra existencia. Si uno se queda en el silencio puede escuchar el sonido de su propia respiración; si se queda más en silencio aún puede oír incluso los latidos de su corazón, y el tiempo enseña al silencio a escuchar lo que viene de la pena de otro, más aún si repite. Tantos seres humanos que se expulsan la vida, gota a gota eligen no vivir.

 

Conversación con la pena

 

Decides, es

hora de partir.

 

tu pensamiento

elige

manzanas verdes de la rama

 

ciertas cosas se agitan

en el techo y sin velas

por la noche

 

la mano derecha en tus ojos

dice

guarda silencio

 

es una triste sensación amarilla

caminar con el dolor

de otra persona

y no saber qué hacer.

 

 

Eduardo Escalante
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