Leyendo el libro Tu éxito es inevitable de una de mis manifestadoras favorita, la bella Maite Issa, aprendí muchas cosas. Entre ellas, descubrí el origen de por qué a veces somos como somos. Allí encontré el concepto de la herida de la bruja, y me pareció ideal traerlo a colación ahora que Estados Unidos y otros países se preparan para celebrar Halloween y, simbólicamente, muchas mujeres sacan a pasear a sus escobas.
La herida de la bruja nace de un recuerdo colectivo que las mujeres llevamos en lo más profundo: aquel tiempo en que ser diferente, sabia o creadora podía costarte la vida. Donde muchas fueron perseguidas y castigadas por atreverse a sanar, enseñar o brillar. Esa memoria ancestral —aunque hoy no haya hogueras— sigue viva en pequeñas actitudes del día a día: el juicio, la envidia, el comentario que apaga a otra, la deslealtad que hiere.
Durante siglos, a las mujeres se les enseñó a competir entre sí por aprobación, amor o poder (del padre, del esposo, de la sociedad).
Las que destacaban —por su inteligencia, belleza o independencia— eran castigadas o señaladas. Así, muchas aprendieron inconscientemente que brillar es peligroso, y que es más seguro apagar la luz de otra que dejar brillar la propia.La herida de la bruja es el miedo a brillar por haber sido castigadas por hacerlo.
¿Y qué pasa en el mundo empresarial? Lo mismo.
Una idea compartida en confianza se convierte en negocio ajeno.
Un triunfo genuino es respondido con críticas.
Un logro brillante despierta más comparaciones que aplausos.
Halloween nos pone frente a los símbolos de la oscuridad. Pero quizás la sombra más fuerte que enfrentamos no está afuera… sino dentro. La buena noticia es que no estamos condenados a repetir la herida: podemos elegir sanarla. ¿Cómo?
Reconociendo la grandeza en otros sin sentir que nos resta.
Celebrando los logros ajenos como semilla de inspiración.
Aprendiendo que la verdadera fuerza está en sumar, no en dividir.
Sanar la herida de la bruja no significa olvidar la historia, sino honrarla eligiendo otro camino: el de la colaboración, la lealtad y la luz compartida.
En la Biblia encontramos: «No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros”. Gálatas 5:26
La envidia y la rivalidad son cadenas que nos atan al pasado. Dios nos invita a liberarnos de ellas, a caminar en unidad y a elegir conscientemente la colaboración sobre la competencia. En los negocios y en la vida, cada vez que eliges celebrar en vez de criticar, sanar en vez de rivalizar, rompes un ciclo y abres espacio para la abundancia verdadera.
Gracias, gracias, gracias por leernos, compartir nuestros relatos y confiar en nuestra voz. En esta casa editorial, creemos en el poder de las palabras para construir puentes, elevar marcas y dejar huella. Estamos aquí para escribir tu historia, presentarte con propósito o convertir tu esencia en un libro que inspire.
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