Entre nombres y apellidos: la travesía de una genealogista

La genealogista Yuritzi Isabel Parra Saldívar nos comparte cómo su pasión por los archivos, los linajes sefardíes y la memoria cultural la ha llevado a descubrir historias silenciadas por la historia oficial. A través de su trabajo, la genealogía se convierte en un acto de justicia histórica, identidad y pertenencia.

La genealogía como mapa de identidad

Todos llevamos un mapa en el apellido: huellas de migraciones, batallas y amores que aún laten en nuestra sangre. A veces una simple foto en blanco y negro, una firma vacilante o una historia compartida en la mesa son suficientes para despertar la curiosidad. En mi caso, la curiosidad se convirtió en profesión: soy genealogista profesional, historiadora familiar. Mi vida está centrada en expedientes inquisitoriales, árboles genealógicos, archivos y narraciones que quieren ser contadas.

Desciendo de familias sefardíes que emigraron a través del Atlántico en los siglos XVI y XVII. Trajeron su fe, su memoria… y el mandato de ocultarla. Apellidos como Saldívar, Temiño, Parra, Porres de la Baranda, Ha-Levi y De la Garza resuenan en mi árbol genealógico. Son más que nombres: son historias de resistencia, de migración, de búsqueda de pertenencia.

Rescatar voces silenciadas

Al investigar, me di cuenta de que mis antepasados no eran solo nombres en una lista: fueron ‎perseguidos por la Inquisición, establecieron pueblos, mantuvieron tradiciones y hasta hombres ‎que lucharon en las filas de Emiliano Zapata durante la Revolución Mexicana. Reconocerme en ‎ellos, obtuve un sentido de pertenencia y fortaleza. ‎

A muchos que nos apasionan las búsquedas en un árbol genealógico únicamente para conocer ‎los apellidos. Sin embargo, pronto nos damos cuenta de que tras cada nombre y apellido hay ‎recuerdos, sentimientos e historias que llevan la herencia de nuestros antepasados. La ‎genealogía, además de divertir y fascinar, sobre todo, contribuye a entender por qué somos lo ‎que somos. ‎

He pasado horas descifrando firmas temblorosas y letras casi ilegibles en archivos virreinales. He ‎seguidos caminos migratorios que unen a España con la Nueva Galicia y el Nuevo Reino de León. A ‎veces, una simple acta de matrimonio, un testamento o un expediente judicial han cambiado ‎radicalmente la perspectiva de la información familiar. ‎

Me emocioné mucho al descubrir que Jorge Negrete, el famoso «Charro Cantor», tenía los ‎mismos ancestros virreinales que mi familia. O la maravilla de seguir el rastro levítico de los Ha-‎Levi hasta rabinos medievales en Burgos y Girona. Cada descubrimiento verifica que los hilos de ‎la historia individual se entrelaza con la historia universal. ‎

La genealogía me ha revelado algo profundo: no importa en qué país vivamos, siempre ‎aspiramos a ser reconocidos y pertenecer. Ya sea en España, en México o en cualquier otra parte ‎del mundo, tenemos el deseo de conectarnos con los demás, de ser aceptados y de hallar un ‎sitio en la historia, por lo menos familiar. ‎

Mis antepasados sefardíes se amoldaron a nuevos territorios sin olvidar completamente su ‎memoria, como muchos otros migrantes. Hoy compartimos esa experiencia como sociedades ‎diversas, donde cohabitamos personas de diferentes orígenes, pero interconectados. La ‎multiculturalidad no nos divide: nos une. La suma de múltiples encuentros, mezclas y resistencias ‎nos ha formado y dado en cada lugar grandes riquezas culturales. ‎

La genealogía no es simplemente un método; constituye una acción de justicia histórica. Significa ‎restaurar la voz de aquellos que fueron silenciados, recuperar la memoria de las mujeres ‎indígenas, de los judeoconversos, de los exiliados y de las familias que la historia oficial nunca ‎escribió y ahora ignoramos. ‎

El saber acerca de mis antepasados me ha proporcionado una certeza: yo también soy uno de ‎ellos, con sus sueños y batallas y así conformamos el equipaje cultural que me sostiene. Y cuando ‎comparto mis descubrimientos con otra persona, la invito a reflexionar sobre el pasado para ‎tener una mejor comprensión de quiénes somos actualmente. ‎

En cada hogar existen fotos almacenadas, cartas que aguardan ser leídas y apellidos que todavía ‎no se han entendido. ¿Es importante saber de dónde venimos? No solo honramos a quienes nos ‎precedieron al hacerlo, sino que también nos descubrimos a nosotros mismos. ‎Indagar en mis raíces no es anclarse en el pasado, sino fortalecer el presente y proyectar el futuro. Todos buscamos lo mismo: ser reconocidos, pertenecer, conectar. Esa es nuestra herencia: somos memoria, somos diversidad.

🌐 www.buscandoancestros.com

Yuritzi Parra Saldivar
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