El duelo y la recompensa

El duelo y la recompensa

El duelo puede convertirse en un proceso de aprendizaje que nos brinda la oportunidad de hacer una transformación personal y revisar nuestra forma de estar en este mundo, de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

Belkis disfrutando del nacimiento de su hija Flavia.

Belkis disfrutando del nacimiento de su hija Flavia.

Después de dos meses sin escribir, retomo esta terapia de liberación, que me ha permitido conocer por correo y whatsapp a personas que han pasado por la misma situación que yo, que se han sentido identificadas conmigo y que nos hemos enriquecido mutuamente compartiendo nuestras experiencias.

Durante este tiempo ausente, he estado disfrutando mi recompensa. Viviendo cada día con mi princesa Flavia Arcoiris. Como bien reza el refrán: “Después de la tormenta viene la calma”. Debo confesar que me costó asimilar la noticia del embarazo. No sólo por lo rápido que fue, sino que comencé una diatriba con Dios. No aceptaba la pronta partida de mi Gran Andrés, todo a mi alrededor me atormentaba, la muerte de mi padre y para ponerle la guinda al pastel, otro bebé en camino.

Muchas veces le reclamé a Dios por qué me quitó a mi hijo, para mandarme otro. Si bien no me cerré a la posibilidad de ser madre de nuevo, sí quería tomarme un tiempo. En ese momento el dolor, la rabia, la tristeza, la amargura y la decepción me ponían el panorama oscuro.

No podía creer que la primera relación que tuve con mi esposo después del fallecimiento de Andrés iba a desencadenar en un embarazo. Fueron casi tres meses sin intimidad. Cuando comencé a controlar mi embarazo tenía miedo de saber el sexo del bebé. Siempre anhelé tener una hija. Cuando me confirmaron que era una niña, no paraba de llorar. En ese momento, no era emoción, era culpa. Recuerdo que el día que me dijeron que mi Andrés era varón y no la beba que tanto esperaba, dije que no lo quería. Esa frase me atormentó una y otra vez.

Resonaba en mi subconsciente durante los 42 días en terapia intensiva. Estaba convencida de que era castigo de Dios por haber rechazado a mi hijo. Luego comprendí que nuestro Señor es bueno, noble y que nos recompensa porque nos ama. Él en su tiempo perfecto ha sabido bendecir cada día de mi vida.

Belkis Osorio y su familia

Flavia llenó de colores a la familia

En la actualidad me siento plena y feliz con mi familia. Mi Arcoiris llena mis días de colores. Gracias a su llegada he salido a flote. Es mi gran maestra, verla crecer sana y feliz me recuerda que ejerzo un buen papel como madre. No todo fue tranquilo. El miedo siempre me acompañó durante la gestación. A cada consulta llegaba con el corazón en la mano, pidiéndole a Dios que todos sus órganos estuvieran bien y se desarrollaran perfectamente. Alargaba los días del alumbramiento. No quería caminar mucho para que no se adelantara. La ansiedad estuvo presente donde mi única terapia era el llanto.

Aunque médicamente todo indicaba estar bien, temía perder a mi hija. Tuve que transformar el escenario con pensamientos positivos y poner mi confianza no sólo en mi obstetra sino en Dios. Él, junto a mi Chocolate, me llenaron de fortaleza. Justo en esos días leí una frase con la cual me identifiqué de inmediato: “el Diablo susurró a mi oído: no eres lo suficientemente fuerte para resistir la tormenta. Hoy le susurré al Diablo en el oído: yo soy la tormenta”.

Faltaba poco para la llegada de mi princesa, debíamos solicitar presupuesto para presentarlo a la compañía de seguros. Desde el inicio del embarazo estuve negada a dar a luz en la misma clínica donde nació Andrés, al final la escogí. Decidí afrontar el miedo y la niña nació en el mismo centro asistencial. Me tocó el mismo quirófano y la misma camilla en la sala de recuperación.

Estoy convencida de que mi hijo nos acompañó en todo momento y finalmente mi Arcoiris llegó al mundo como toda una guerrera y con una gran sonrisa. Flavia vino para hacerme más fuerte, y no sólo desde el punto de vista emocional sino también físico.

Si estás a punto de recibir a tu bebé arcoiris, prepara tu armadura, lleva tu escudo de batalla, llénate de la gloria de Dios, enfrenta tus miedos y verás que saldrás airosa y tendrás una gloriosa victoria. Ten fe.

Me despido como siempre lo hago cuando escribo sobre ti, hijo: “Dios te bendiga. Te amo. Un beso enorme y un fuerte abrazo que lleguen hasta el cielo”.

 

Redes:

Instagram y Twitter: @osoriobelkis

E-mail: osoriobelkys22@hotmail.com

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Autor

Belkis Osorio

Venezolana. Comunicadora Social, mención Audiovisual egresada de la Universidad Santa María. Con experiencia en radio y televisión. Ganadora del Premio Monseñor Pellín 2005 por el Trabajo de investigación: “Los niños de Vargas: se busca la verdad”, como mejor vídeo mención investigación - universitario. Locutora, certificada en la Universidad Central de Venezuela. Mamá de dos hermosos príncipes: el extrovertido e inteligente Súper Diego y el guerrero y ángel guardián, El Gran Andrés. A través de esta columna “Chocolate: viviendo sin ti” expone su experiencia como madre en duelo. En cada artículo cuenta la historia de un ángel en el cielo y una madre en la tierra, lo que se ha convertido en una historia de Fe.