Diluyéndome mirando la Amazonía, un poema de Eduardo Escalante

Cuando sienten que les afecta, se preocupan. Hoy escuchan el clamor de los árboles y la pureza del aire.

 

Diluyéndome mirando la Amazonía

 

La luz a través de un cristal negro,

el alma del jefe de la tribu

pone sus ojos blancos,

el árbol de la vida habló,

intenta la hora anterior, la mañana

húmeda sin ceniza.

Ahora su cabeza en llamas.

Algunos creen que una preocupación

es una túnica suficiente

para superar uno de los estragos.

Tal vez una mano codiciosa extiende una plaga,

su máquina de pensamiento:
romper las selvas para llegar a tierra plana,

levantar líneas hacia lo más alto

o cavar en busca del diamante

caído de una estrella.

Cuando el engaño es visible,

los soberanos de la tierra hacen un anuncio.

Ahora, a lo largo del corredor de árboles,

sombra de roble y enredado,

se silencian los pájaros,

se aturde a las abejas,

la hierba se vuelve gris, las estrellas

lloran, los mosquitos oran a los dioses,

el demonio grita sus deseos rotos

tanto tiempo que reza

en su oscuridad apestosa.

Un niño indígena implora:

oh lluvia

déjame aquí mucho tiempo aquí.

 

Eduardo Escalante
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