Estados Unidos: ¿Estamos matando la gallina de los huevos de oro?🥚

 

Cuando llegué a Estados Unidos hace ya 17 años, admito que al principio me costó adaptarme a detenerme en cada esquina en las señales de alto, reducir la velocidad en las zonas escolares y mantener una distancia entre personas en las tiendas o supermercados. Agradecía a Dios por estas lecciones de respeto y cortesía, como el hecho de que en un banco, por ejemplo, nadie se saltara la fila o me pitaran en la carretera.

Después de algunos años, comencé a notar que las cosas ya no eran como solían ser. En muchas escuelas, la supervisión es escasa, lo que lleva a que conductores pasen a exceso de velocidad y no les importe si una madre está dejando a su hijo. En las calles ya la basura campea y el servicio al cliente parece empeorar cada día. Para asegurarme de que no estoy siendo tan crítica y pecar de “dedos ligeros”, consulté con amigas(o) y me confirmaron que sentían lo mismo. Es innegable que este país está experimentando un cambio, pero lamentablemente, no para mejor.

Estamos presenciando una situación en la que descuidamos y ponemos en riesgo a Estados Unidos, que ha sido como la gallina de los huevos de oro. Nos referimos a la analogía de la fábula del granjero que sacrificó a su ave, que producía un huevo de oro cada día, y perdió su fuente inagotable de riqueza al privarse de ella. Estamos sacrificando a esta gran y amorosa nación.

Estados Unidos de América es nuestro hogar, nuestra invaluable posesión, y es preocupante ver cómo se deteriora mientras permanecemos ciegos ante ello. El declive de una nación puede comenzar debido a una serie de factores, algunos de los cuales pueden parecer simples al principio, pero que con el tiempo tienen un impacto significativo en la estabilidad y bienestar.

Permítanme destacar, por ejemplo, el problema de la inmigración descontrolada. Y quiero aclarar que, al igual que muchos de ustedes, soy inmigrante, pero creo firmemente que cada uno de nosotros cumplió con su proceso migratorio de manera adecuada, justa y entró legal.

A lo largo de su historia, Estados Unidos ha mantenido políticas de inmigración claras y una efectiva aplicación de sus leyes al respecto. La llegada masiva y sin control de inmigrantes indocumentados ejerce presión sobre los recursos públicos, como la atención médica, la educación y los servicios sociales. Además, los trabajadores indocumentados suelen aceptar empleos mal remunerados y sin protecciones laborales, que lleva a la competencia desleal con los ciudadanos del país.

La falta de control en la inmigración dificulta la integración de los inmigrantes en la sociedad, lo que a su vez puede dar lugar a tensiones y divisiones dentro de la población, como se observa en ciudades consideradas “santuarios”, como Nueva York y California, donde la situación se ha vuelto insostenible y se le ha escapado de las manos a sus gobernantes. Otro ejemplo impactante es el aumento de casos relacionados con la inmigración que puede sobrecargar el sistema legal y resulta en demoras en los procesos judiciales. Esto afecta incluso a aquellos que han ingresado legalmente y han cumplido con las leyes, como se ha visto en casos de amigos venezolanos que ahora se encuentran en una especie de limbo migratorio debido a que le han dado prioridad a los procesos de aquellos que cruzan la frontera.

Los efectos de la inmigración descontrolada pueden manifestarse en forma de tensiones sociales, graves problemas económicos y una disminución de la confianza en el gobierno, que actualmente maneja un doble discurso. Todo esto está ocurriendo ante nuestros ojos.

Un ejercicio de reflexión importante sería preguntarnos si permitiríamos a desconocidos ingresar a nuestras casas. La respuesta es, probablemente, no, ya que podrían perturbar nuestra paz y seguridad. La gallina de los huevos de oro agoniza, está en nosotros evitar que muera.

En la Biblia ese libro al que hacemos referencia indica que solo Dios guía y controla los destinos de las naciones. “Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones, cuando hizo dividir a los hijos de Adán, estableció los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel”. Deuteronomio 32:8. No obstante, como sociedad civil, es nuestro deber defender los límites y promover el respeto por la ley y el orden, tal como lo establece nuestra constitución. ¡Despertemos!

Gracias, gracias, gracias por leerme, compartir nuestros relatos y publicitarse con nosotras. Recuerden que aquí estamos para redactarles una nota de presentación, la entrevista que les ayudara a potenciar sus marcas, llevarles sus redes sociales desde cero o escribirles su historia y convertirla en un libro. 

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Marybel Torres
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