Con un dejo de impaciencia, un poema de Eduardo Escalante

Cada uno escribe en su memoria, su propio Libro de sus sucesos felices. Podría incluir la idea de que somos muy capaces de amar, pero a menudo elegimos ser tóxicos; que el sexo en sí no determina ninguna clase de deshonor; que el odio lo parte a uno por la mitad, pero afortunadamente no termina con lo más profundo del ser. Tal vez la última línea escrita sea: a pesar de las miserias, más vale susurrarse la esperanza con forma humana.

 

Con un dejo de impaciencia

 

Amo las estaciones grises, los charcos convertidos en espejo, las tablas

crujientes, la cripta libros mordisqueados por dentro,

Sentir lo que golpea la puerta cuando declara su sorpresa:

 

El amanecer se apronta sumergido en la frescura de la variación pues hay espaciosos bits de aire

El reloj no tiene apuro/

Conservo mis primaveras/ las he convertido en nácar / los barcos van y vienen

las flores brotan /una mariposa elegantemente baila / Sostengo los universos

coloreados/ con acuarela o un poco de tinta china / la nota de la

melodía que la canción necesita.

 

Mi cráneo no está vacío. Cualquiera diría que soy feliz.

 

Eduardo Escalante
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