Cuando la tierra tiembla…la luz aparece 💔🕯️✨

Hay noticias que se leen y otras que se sienten en el corazón. Esta es una de ellas. Como venezolana, me duele ver las imágenes que llegan desde La Guaira y otras zonas afectadas por los terremotos. Me duele ver a familias llorando a sus seres queridos, perdiendo sus hogares y enfrentando, una vez más, una prueba que nadie estaba esperando.
Me duele porque, aunque muchos vivimos lejos, hay dolores que la distancia no logra disminuir. Venezuela sigue siendo ese lugar donde están nuestros recuerdos, nuestros afectos y una parte irrenunciable de quienes somos.
Nuestro país ha conocido demasiadas pérdidas, demasiadas despedidas y demasiados desafíos. Sin embargo, en medio de este nuevo dolor también han ocurrido pequeños milagros. Hemos visto a familias enteras siendo rescatadas de los escombros. Hemos visto a niños volver a abrazar a sus padres. Hemos visto a bebés recién nacidos salir con vida de entre las ruinas. Y cada una de esas historias nos recuerda que, incluso en la noche más oscura, la esperanza se niega a desaparecer.
En medio de las ruinas también se han levantado pequeños testimonios de vida que nos recuerdan que Dios sigue escribiendo historias de esperanza aun cuando todo parece perdido. También hemos visto algo que los venezolanos conocemos bien: nuestra capacidad de encontrar luz aun en medio de la adversidad. Incluso en las horas más difíciles han aparecido el humor, la solidaridad y esa manera tan nuestra de sostenernos unos a otros cuando todo parece derrumbarse.
Porque si algo nos ha enseñado Venezuela es que podrán faltarnos muchas cosas, pero nunca nos ha faltado la capacidad de ayudarnos. Sin grandes recursos, sin la infraestructura que muchas veces se necesitaba y con las manos como principal herramienta, miles de personas han salido a remover escombros, a buscar sobrevivientes, a compartir un plato de comida y a convertirse en refugio para otros.
Y por eso hoy me siento profundamente honrada de ser venezolana. Porque nuestro pueblo ha sido golpeado muchas veces, pero nunca ha perdido su humanidad. La ayuda humanitaria sigue llegando desde distintos países, mientras dentro y fuera de Venezuela se multiplican los centros de acopio y las campañas de apoyo. Y una vez más hemos comprobado que, cuando Venezuela sufre, el corazón de los venezolanos se activa de inmediato.
No dudaron. No preguntaron cuánto ni quién más iba a ayudar. Simplemente dijeron: «¿Qué podemos hacer?»
La Biblia nos recuerda: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.” Salmos 46:1
Este versículo nos enseña que, aun cuando la tierra tiembla y el dolor parece superar nuestras fuerzas, Dios sigue haciéndose presente. A veces a través de un milagro, de una vida rescatada, de un bebé que emerge de los escombros o de las manos de personas comunes que deciden convertirse en respuesta para el sufrimiento de otros.
Hoy nuestro abrazo está con cada familia afectada, con quienes aún esperan noticias de un ser querido y con todos los voluntarios y rescatistas que no han dejado de buscar. Porque cuando Venezuela sufre, una parte de nosotros también tiembla.
Porque al final, los grandes héroes de esta historia no son los que aparecen en los titulares. Son las personas comunes que, con sus manos y su corazón, han decidido salvar vidas, compartir lo que tienen y sostener la esperanza de un pueblo entero. Pero cada vida rescatada, cada mano extendida y cada acto de amor nos recuerda algo que nadie podrá arrebatarnos: la resiliencia, la solidaridad y la esperanza también forman parte de nuestra identidad como pueblo.
Mientras esas tres cosas sigan vivas, Venezuela siempre encontrará la manera de volver a levantarse. Porque cuando la tierra tiembla… la luz aparece. La luz de un pueblo que se ayuda. La luz de unas manos que rescatan. La luz de una oración que sostiene. Y la luz de un amor por nuestra tierra que ningún terremoto podrá derrumbar. Porque en Venezuela, incluso en medio de las ruinas, la esperanza siempre encuentra la manera de ponerse de pie.

Los quiero❤️

Marybel Torres
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