Despertando cuando la luna nace del bosque, un poema de Eduardo Escalante

Los detalles no pasan inadvertidos, dan cuenta de la gratitud. Todo es real. Nada una fantasía sostenida por el diablo. Nada una ilusión tóxica y devastadora de estos tiempos  de Azazel anaranjado.

 

Mi última naranja a los pies del santo.

Apago las luces. No tengo bendiciones.

Digo gracias por el agua

y la madera del árbol.

Digo gracias por la vida

y su misericordia.

Gracias por Spiderman

y el Principito. Gracias por ambos

El fuego y la naranja son primos hermanos.

Inclino mi cabeza

rezo para que mi extrañeza sea santa

No sé si hay una línea directa con Dios.

 

Eduardo Escalante
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