Huellas rebeldes: genealogías feministas desde Guayervas hasta Luisa Capetillo en Puerto Rico

 

Un recorrido por figuras históricas como Guayervas, la Malinche, Laura Díaz y Luisa Capetillo revela una genealogía feminista de resistencia en Puerto Rico. Este ensayo explora memoria, poder y lucha desde una mirada crítica y contemporánea.

La memoria como territorio político

En un país donde la legislatura insiste en decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, la memoria se convierte en un territorio político. No es nostalgia: es defensa propia.

Escribo desde mi lugar como hombre e historiador, consciente de que estas genealogías feministas no me pertenecen, pero sí me interpelan como parte de la historia política de este país. Me acerco a ellas desde la responsabilidad de quien reconoce que la memoria feminista también exige aliados que nombren, escuchen y acompañen sin apropiarse.

Este pasado 8 de marzo, las mujeres y feministas tomaron las calles de San Juan desde la Plaza del Quinto Centenario hasta la Barandilla. No marcharon solas. Llevaban consigo huellas que vienen de lejos.

Archivos, silencios y reconstrucción histórica

Frente al archivo oficial —ese inventario de silencios y omisiones— siempre han existido los contras archivos que sostienen las luchas. Este texto traza una genealogía que enlaza a la cacica Guayervas del Otoao, la Malinche, Laura Díaz y Luisa Capetillo con las batallas que hoy se libran en Puerto Rico. No es una línea recta, sino una constelación de tácticas que atraviesan siglos.

Conocí a Guayervas del Otoao a través de un documento citado por Jalil Sued Badillo. Allí aparece atrapada en el lenguaje frío del notario castellano: márgenes, sellos, reclamaciones. No escuchamos su voz; escuchamos cómo el imperio decidió nombrarla. Pero incluso en ese silencio hay resistencia. Su nombre sobrevivió a la maquinaria colonial que intentó reducirla a una obediencia que no existía antes de la conquista. Esa persistencia, mínima pero tenaz, es una huella política que todavía nos interpela.

La Malinche, por su parte, ha sido convertida en símbolo de traición, una lectura que dice más del nacionalismo que de su vida real. La historiografía reciente y la ficción —como la novela de Fanny del Río— han comenzado a devolverle su complejidad: una mujer racializada, negociando en un mundo que la necesitaba y la despreciaba a la vez. Pensarla fuera del mito es un acto de reparación que obliga a mirar de frente cómo el género y la raza fueron herramientas de dominación desde el inicio de la colonización.

Cuando los documentos callan, la ficción reconstruye. En Los años con Laura Díaz, Carlos Fuentes convierte la vida íntima de una mujer en historia pública. La novela funciona como un contra archivo, aunque también recuerda que no todas las mujeres han tenido acceso a los mismos privilegios desde donde narrarse. Incluso las reparaciones literarias tienen límites, y reconocerlos también es parte del trabajo de leer históricamente.

Cuerpo, resistencia y legado feminista

Y luego está Luisa Capetillo, que no esperó a que nadie la nombrara. Obrera, anarquista, escritora, convirtió su cuerpo en manifiesto. Ponerse pantalones en público fue un acto político que todavía incomoda. Su arresto en La Habana en 1915 fue la reacción de un orden que no toleraba que una trabajadora mestiza desafiara el decoro impuesto. Sus panfletos y la prensa obrera siguen siendo archivos vivos: colectivos, urgentes, sin permiso.

Si juntamos a Guayervas, la Malinche, Laura Díaz y Capetillo, no obtenemos una narrativa uniforme, sino una red de tácticas: silencios que exigen interpretación, ficciones que curan heridas, gestos que interrumpen la calma. Todas habitaron ese terreno áspero donde el género —esa categoría colonial que clasifica y jerarquiza cuerpos— se convierte en campo de batalla atravesado por raza, clase y poder.

Esa genealogía nos deja una tarea concreta: abrir los archivos con sospecha, leer la cultura como un acto de reparación y reconocer que la resistencia no siempre deja documentos, pero sí deja huellas. En Puerto Rico, ese hilo rebelde sigue vivo en quienes defienden la tierra, luchan por la justicia reproductiva y resisten la austeridad. Nuestra historia no es solo lo que quedó escrito, sino lo que seguimos diciendo cada vez que nos levantamos para reclamar que este país también nos pertenece. Y en esas huellas —las antiguas y las que hoy se trazan— se sostiene la posibilidad de un futuro distinto.

“Huellas rebeldes” no solo recupera nombres del pasado, sino que propone una forma de leer la historia desde la resistencia, el cuestionamiento y la memoria activa. En estas figuras no hay una narrativa única, sino múltiples formas de habitar el conflicto y transformar el presente. La genealogía feminista no es un archivo cerrado, sino un proceso vivo que sigue escribiéndose en cada acto de lucha, memoria y dignidad.

ACERCA DEL AUTOR

Christian Vélez Pagán es historiador, ensayista y educador. Su trabajo explora la memoria, la migración y la historia intelectual caribeña, con un estilo que combina rigor académico y una voz literaria accesible. Ha publicado ensayos y crónicas en 80grados, Rumbo Alterno y El Post Antillano. Vive y escribe desde Barceloneta, Puerto Rico.

Christian velez

Redacción Prensa
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