Ha pasado casi un mes de los terremotos que sacudieron a Venezuela, pero las imagenes siguen estremeciendo corazón. Familias buscando a sus seres queridos, rescatistas trabajando sin descanso, comunidades enteras intentando reconstruir lo que la tierra les arrebató en cuestión de segundos y un país que, una vez más, encontró en la solidaridad la fuerza para ponerse de pie.
Sin embargo, cuando el ruido inicial comienza a disminuir, también aparecen otras reflexiones que merecen nuestra atención. Las tragedias revelan el corazón. Revelan quiénes somos cuando el dolor deja de ser una noticia y se convierte en la realidad de otro ser humano. Hay quienes, frente al sufrimiento ajeno, buscan servir. Hay quienes buscan protagonismo. Hay quienes aprovechan la vulnerabilidad para vender. Y hay quienes, sencillamente, no se detienen a pensar qué necesita realmente la persona que está sufriendo.
Ahí es donde aparece una palabra que todos deberíamos cultivar con más frecuencia: discernimiento. Porque la empatía no consiste únicamente en hacer algo. Consiste en hacer aquello que verdaderamente ayuda. Quien acaba de perder su hogar, quien busca a un familiar entre los escombros o quien no sabe dónde dormirá esa noche no necesita gestos que llamen la atención. Necesita agua, alimentos, medicinas, ropa funcional, abrigo, escucha y esperanza.
La verdadera solidaridad comienza cuando dejamos de preguntarnos «¿qué quiero dar?» y empezamos a preguntarnos «¿qué necesita realmente esta persona?» Solo entonces la ayuda deja de ser un acto para tranquilizar nuestra conciencia y se convierte en un verdadero acto de amor. Esta reflexión también alcanza al mundo empresarial. Como emprendedores y empresarios, es natural que queramos seguir trabajando y sosteniendo nuestros proyectos. Pero hay momentos en los que el mercado nos exige algo más importante que vender: nos exige sensibilidad.
Hay tiempos para hablar de negocios y hay tiempos para guardar silencio y servir. Hay momentos en los que la mejor estrategia de crecimiento no consiste en generar una nueva venta, sino en convertirse en una mano tendida para quien hoy atraviesa una dificultad. Porque las personas quizá olviden lo que les ofrecimos, pero difícilmente olvidarán cómo las hicimos sentir en uno de los momentos más difíciles de su vida.
La verdadera ayuda no consiste en entregar lo que nos sobra, sino en comprender lo que el otro realmente necesita. Y quizá por eso también deberíamos recordar que el dolor ajeno nunca debería convertirse en una oportunidad de mercadeo; debería convertirse en una oportunidad para servir. Cuando ponemos la dignidad del ser humano por encima de cualquier interés, no solo ayudamos a reconstruir casas o comunidades; también contribuimos a reconstruir la confianza, la esperanza y la fe en la bondad humana.
En la Biblia encontramos: «Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas». 1 Pedro 4:10
Este versículo nos recuerda que Dios no nos entrega talentos, recursos, influencia o conocimientos únicamente para nuestro beneficio. Todo aquello que hemos recibido adquiere su verdadero valor cuando se convierte en una bendición para otros. Servir no siempre significa hacer grandes cosas. A veces significa detenernos, escuchar, observar y comprender antes de actuar. Significa ofrecer lo que realmente hace falta y no aquello que simplemente nos resulta más fácil entregar. La generosidad no se mide por cuánto damos, sino por cuánto somos capaces de comprender el dolor, la necesidad y la dignidad del otro.
Gracias, gracias, gracias por leernos, compartir nuestros relatos y confiar en nuestra voz. En esta casa editorial, creemos en el poder de las palabras para construir puentes, elevar marcas y dejar huella. Estamos aquí para escribir tu historia, presentarte con propósito o convertir tu esencia en un libro que inspire.
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