Hay días en los que despertamos con energía, ideas y ganas de conquistar el mundo. Y hay otros en los que hasta preparar una buena taza de café parece requerir planificación estratégica. El cuerpo pesa, las ideas llegan más despacio y aquello que normalmente hacemos con entusiasmo requiere un esfuerzo adicional. Para quienes vivimos creando, emprendiendo, dirigiendo proyectos o resolviendo constantemente, esos días pueden despertar una pregunta inquietante: ¿será que estoy perdiendo la pasión por lo que hago?
Vivimos rodeados de mensajes que relacionan el propósito con una energía casi inagotable. Nos dicen que cuando hacemos lo que amamos todo fluye, que quien encuentra su pasión nunca vuelve a trabajar y que estar en el camino correcto debería sentirse siempre emocionante. Son frases inspiradoras, pero la vida real suele ser bastante más humana. Podemos amar profundamente lo que hacemos y terminar agotados después de hacerlo. Podemos regresar cansados de un viaje que disfrutamos, terminar exhaustos después de un proyecto que nos apasionó o necesitar silencio después de varios días haciendo exactamente aquello que sentimos que forma parte de nuestro propósito.
El propósito también cansa. No porque sea equivocado, sino porque somos humanos. Nuestro cuerpo necesita descanso, nuestra mente necesita pausas y hasta aquello que alimenta el alma requiere energía para realizarse. El problema comienza cuando interpretamos un estado temporal de agotamiento como una señal definitiva sobre nuestra vida. Entonces, desde el cansancio, empezamos a cuestionarlo todo: el negocio, el proyecto, nuestra capacidad, las decisiones tomadas e incluso aquello que hasta hace pocos días nos producía alegría. Quizá convenga aprender a hacernos una pregunta antes de tomar conclusiones importantes: ¿estoy perdiendo el propósito o simplemente necesito descansar?
La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia completamente la respuesta. Hay momentos en los que efectivamente necesitamos revisar el camino, cerrar ciclos o reconocer que algo ya no tiene sentido para nosotros. Pero también existen días en los que no necesitamos una nueva dirección, una nueva empresa, otro proyecto ni una transformación radical. Necesitamos dormir mejor, desconectarnos unas horas, compartir con quienes queremos, caminar sin mirar el teléfono o permitirnos una tarde en la que no tengamos que producir absolutamente nada.
Esto puede resultar especialmente difícil para empresarios y emprendedores porque hemos aprendido a relacionar el movimiento con el progreso. Contestamos mensajes mientras comemos, pensamos en el próximo proyecto mientras terminamos el actual y sentimos que descansar significa perder tiempo. Incluso cuando conseguimos detener el cuerpo, la mente continúa trabajando. Sin darnos cuenta, podemos convertir la productividad en una medida de nuestro propio valor: si hoy hice mucho, el día fue bueno; si hice poco, siento que desperdicié oportunidades.
Pero descansar también puede ser una forma de responsabilidad. Hay una escena bíblica especialmente hermosa para comprenderlo. Después de que los discípulos regresaron de cumplir una misión, rodeados de tantas personas que ni siquiera tenían tiempo para comer, Jesús les dijo: “Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco” — Marcos 6:31. No les dijo que, como la misión era importante, debían continuar hasta agotarse. Tampoco interpretó su necesidad de descanso como falta de compromiso. Reconoció algo profundamente humano: quienes sirven, trabajan y entregan también necesitan detenerse.
Para quien dirige una empresa, construye un proyecto o vive permanentemente atendiendo responsabilidades, esta enseñanza tiene enorme valor. Administrar bien nuestro trabajo también implica administrar nuestra energía. No podemos exigirle al cuerpo y a la mente que funcionen indefinidamente como si fueran recursos ilimitados. Hay momentos para avanzar y momentos para recuperar fuerzas, y ambos forman parte del mismo camino.
Y descansar un poco no borra el recorrido, no disminuye nuestro compromiso ni nos aleja necesariamente del propósito. Algunas veces es precisamente lo que necesitamos para continuar viviéndolo con alegría.
Gracias, gracias, gracias por leernos, compartir nuestros relatos y confiar en nuestra voz. En esta casa editorial, creemos en el poder de las palabras para construir puentes, elevar marcas y dejar huella. Estamos aquí para escribir tu historia y convertir tu esencia en un libro que inspire.
Últimas entradas de Marybel Torres (ver todo)
- No todo cansancio significa que estás en el camino equivocado☕ - octubre 19, 2026
- la verdadera riqueza es seguir emocionándote con las cosas pequeñas✨💛 - octubre 7, 2026
- Compra Inteligente: Maricel Borja enseña cómo prepararse para comprar la primera casa en Florida - octubre 7, 2026


