Hay personas que tenemos una inclinación natural a ayudar. Si alguien no sabe cómo avanzar, orientamos. Si se retrasa, esperamos. Si tiene dificultades, buscamos una alternativa. Si algo no está listo, intentamos resolverlo. Lo hacemos desde el cariño, desde el servicio y muchas veces desde la mejor de las intenciones.
Pero existe una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿en qué momento ayudar deja de ser servicio y comienza a convertirse en hacernos responsables de lo que le corresponde al otro? He pensado mucho en esto porque a veces creemos que ser generosos significa estar disponibles para resolver, recordar, insistir, perseguir respuestas, asumir tareas o adelantarnos a compromisos que todavía no han sido asumidos por la otra persona. Y lo hacemos convencidos de que estamos ayudando. Sin embargo, con el tiempo llega el cansancio, aparece la frustración y terminamos preguntándonos por qué los demás no responden con el mismo nivel de compromiso que nosotros hemos puesto.
Quizás entonces la pregunta no debería ser únicamente por qué el otro no respondió como esperábamos. También podríamos preguntarnos: ¿por qué asumí una responsabilidad que nunca me correspondió? Esta pregunta cambia completamente la perspectiva porque deja de colocarnos en el lugar de víctimas y tampoco convierte al otro en culpable. Nos devuelve a un espacio mucho más poderoso: el de nuestra propia responsabilidad. Yo puedo ofrecer una oportunidad, abrir una puerta, compartir mi conocimiento, acompañar un proceso y cumplir con excelencia aquello que prometí.
Pero no puedo comprometerme por otra persona, desear por ella, decidir por ella ni sostener indefinidamente aquello que solo puede funcionar cuando existen dos voluntades comprometidas. Comprender esto no significa volvernos indiferentes. Significa aprender a servir con discernimiento. Hay algo precioso en la Biblia que durante mucho tiempo puede pasar inadvertido. En Gálatas encontramos dos enseñanzas que, leídas superficialmente, podrían parecer contradictorias. Primero se nos dice: “Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo». Gálatas 6:2 Y apenas unos versículos después encontramos: “Porque cada uno llevará su propia carga”. Gálatas 6:5 No hay contradicción. Hay sabiduría.
Existen momentos en los que alguien necesita que lo ayudemos a sostener un peso demasiado grande. Una enfermedad, una pérdida, una crisis económica, una tragedia, una circunstancia inesperada. Ahí aparece el amor que acompaña, la mano que sostiene y la comunidad que dice: “No tienes que atravesar esto solo”.
Pero existen otras cargas que forman parte de la responsabilidad personal. Tomar decisiones, cumplir la palabra dada, responder a tiempo, asumir las consecuencias de nuestras elecciones, prepararnos, trabajar, comprometernos con aquello que dijimos que queríamos. Esas no podemos cargarlas indefinidamente por los demás. Porque cuando hacemos constantemente por alguien aquello que esa persona puede y debe hacer por sí misma, quizás ya no estamos ayudándola. Incluso podemos estar privándola, sin querer, de una oportunidad para crecer. Y también nos estamos agotando nosotros.
Este versículo “Porque cada uno llevará su propia carga”. Gálatas 6:5 con el que ilustramos este newsletter de hoy no nos invita al individualismo ni a abandonar a quien necesita ayuda.. Lo que nos enseña es algo mucho más profundo: Dios también reconoce la responsabilidad individual.
Hay momentos para sostener y momentos para soltar. Hay circunstancias en las que debemos acompañar y otras en las que debemos permitir que alguien asuma las consecuencias y responsabilidades de sus propias decisiones. El discernimiento consiste precisamente en aprender la diferencia.
Servir desde el amor no significa convertirnos en responsables de la vida de los demás. Significa ofrecer nuestras manos cuando son necesarias sin olvidar que cada persona también debe aprender a utilizar las suyas.
Gracias, gracias, gracias por leernos, compartir nuestros relatos y confiar en nuestra voz. En esta casa editorial, creemos en el poder de las palabras para construir puentes, elevar marcas y dejar huella. Estamos aquí para escribir tu historia, presentarte con propósito o convertir tu esencia en un libro que inspire.
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