Un río que se seca, un poema de Eduardo Escalante

Lo peor que nos puede pasar es quedar inmovilizados en nuestra zona de confort y adormecer nuestra inteligencia (a todos nos sobran neuronas, salvo los dictadores). Explorar el lenguaje y la multiplicidad del sentido de las palabras es parte de acostumbrarnos a lo no dado, a lo incierto. Es tanto desacierto que ocurre a nuestro alrededor, pero nos vamos conformando, naturalizando el desconcierto, y a menudo la maldad. Este es un poema que podría aparecer como pesimista pero por el contrario, lo que intenta es declarar un estado de alerta, incluso en los lugares donde el espíritu busca refugio, pero solamente se encuentra con la niebla que desfigura lo real.

 

 

Un río que se seca

 

Despertó a mitad de la oración

Y se quedó atónito y temblando con la prédica

Tantos segmentos de desconcierto

Fue como recibir un disparo y dejar de existir

Las palabras soplaban la superficie de un mundo carbonizado

Visitando suciedades de otras épocas

Sin poder practicar con las actuales máquinas rotas

A las que no se aplican palabras gastadas

O son como las piedras en una tumba,

No dicen nada. La peor pesadilla

cuando las campanas son de plástico

¿De qué sirven los ángeles hechos de harina?

Así las ramas de olivo pierdan sus hojas

Y también la fruta

Quisiera atrapar el zumbido horrible

de estos inviernos cautivos por otras suciedades

y la piel oscura de las mordazas

su astuta certeza de que todavía no hay remedio

para la maldad, excepto la maldad

 

Eduardo Escalante
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